domingo, junio 06, 2010

Las ideas

Es lugar común, lo cuentan muchos escritores: en alguna presentación, en una firma de ejemplares aparece una persona (puede ser joven o mayor, hombre o mujer, no importa) que levanta la mano y pregunta: ¿de dónde sacas las ideas?

Cínicamente Harlan Ellison dice que está suscrito a una agencia que todas las semanas le manda tres ideas originales para desarrollar un cuento.

Neil Gaiman hizo uno de los mejores números de su cómic Sandman alrededor de la historia de un escritor mediocre que secuestra a una de las musas, Calíope, y la mantiene presa, obligándola a darle ideas.

Robert J. Sawyer dice que las ideas cuestan centavos la docena, que si dejara de tener ideas hoy, le quedarían sufieicentes para escribir durante el resto de su vida, como le sucede (dice Sawyer) a la mayoría de los escritores profesionales.

Stephen King dice que las ideas están en todos lados, que normalmente sus historias son producto de observar un primer elemento, voltear a ver otro, combinarlos y sazonar con el llamado What if?, el "¿Qué sucedería si...?", la especulación.

Joe R. Lansdale solía afirmar que si cenaba muchas palomitas, éstas le producían suficientes pesadillas para escribir montón de historias.

Kurt Vonnegut, el más grande, el mejor, escribió: "¿Que de dónde saco mis ideas? Podrías haberle preguntado eso a Beethoven. Él andaba pasándola en Alemania como todo el mundo cuando súbitamente le empezó a salir por los poros todo eso. Era música. Yo la estaba pasando en Indiana como todo el mundo cuando súbitamente todo eso me comenzó a salir por los poros. Era repugnancia por la civilización."

Y así podríamos continuar.

Cualquiera puede tener una idea. Cualquiera puede tener una buena idea. Cualquiera puede tener LA idea.

A todos mis colegas les ha pasado: aparece alguien en una fiesta, en una reunión, en donde sea y te dice algo así como "tengo esta gran idea para una novela, ¿por qué no te la cuento, tú la escribes y nos vamos a mitades?" (!).

Creo que las buenas ideas están en todos lados. En una conversación oída al pasar. En el párrafo de un instructivo técnico. En los delirios de un vagabundo que pide limosna. En la letra de una cumbia escuchada en el pesero. En la sección de noticias científicas del periódico.

El problema, coinciden los profesionales, es convertir esa idea en una historia coherente. Darle voz a los personajes. Convertir una situación absurda en un escenario creíble. Interesar al lector en una idea que tuve.

No es fácil. Pero tampoco es mecánica cuántica. Cualquier persona con suficiente disciplina es capaz de construir a partir de la idea más banal una buena historia.

Y la mejor de las ideas, en manos de un narrador torpe, no vale nada.

Recuerdo un colega que contaba una historia —que le había tocado presenciar— que me parecía envidiable, acerca de una avioneta repleta de cocaína que se estrellaba en un lugar remoto. Poco a poco los lugareños comenzaban a metérsela hasta que se convertía en un pueblo de asesinos y él tenía que salir huyendo. Ahí había una novela. En su libro se convirtió en apenas un par de párrafos mencionados al vuelo. Ni modo.

Así que a cazar musas, con los ojos y las orejas muy abiertos.

Donde menos se espera, salta la idea.

P.D.: Neil Gaiman contesta con gran elegancia y generosidad esta pregunta en su website. Aquí el link al artículo, en inglés.

P.D. 2: Perdonen si sólo puse referencias anglófonas pero no encontré respuestas a esta pregunta elaboradas por escritores mexicanos. Si alguien conoce algún link, le agradeceré que lo comparta en los comentarios.

2 comentarios:

Erik Proaño Muciño (Frik) dijo...

Buenas entradas Bef, gracias por compartir.

Emma Mogador dijo...

me gusta esta entrada, está buena.