jueves, julio 08, 2010




Juan Hernández Luna (1962—2010)


Murió mi amigo y colega narrador Juan Hernández Luna. Novelista policiaco multipremiado, traducido a varios idiomas, Juan fue uno de los primeros amigos que hice en el medio.

Lo conocí a través del Lobo Porcayo. Él y José Luis Zárate eran amigos de Juan desde que éste vivía en Puebla. En aquel entonces (1998) Juanito, como cariñosamente le llamaba pese a que no le hiciera mucha gracia, se acababa de mudar al DF.

Juan llegó a trabajar a la Secretaría de Cultura del PRD en el DF, donde...


Ayer empecé a escribir la nota anterior. Apenas al tercer párrafo me quedé sin palabras. ¿Qué puedes decir de un amigo que muere prematuramente, en plenitud creativa, con mucho por hacer, por escribir?

Me duele la muerte de Juan. Sujeto impredecible de carácter bronco y desplantes de arrogancia que le ganaron más de una enemistad, escondía debajo de sus múltiples capas de tipo duro un corazón de oro.

Generoso como pocos en el medio, fue el primer lector de mi primera novela, Gel azul, hace años. Me la hizo pedazos. "Es un cuentote", me dijo. "Pero aquí hay una novela." Y procedió a llevarme párrafo por párrafo, puliendo, recortando. ¿Qué escritor aventajado hace eso con un debutante?

Nos deja una nutrida bibliografía. De entre su producción me quedo con Tabaco para el puma, Quizás otros labios (de las cuales aprendí mucho del oficio de contar novelas) y Las mentiras de la luz, experimento estilístico con el que intentó distanciarse del registro de la novela policiaca.

Pero quizá su gran aportación social haya sido la implementación del programa de lectura entre los policías de Ciudad Neza, lugar donde pasó su niñez y temprana adolescencia. Juan tallereaba con los tiras lecturas de todo tipo de textos, desde clásicos del siglo de oro hasta novela policiaca.

El programa rindió frutos rápidamente. La tira de Neza empezó a mejorar su relación con la ciudadanía e increíblemente se volvieron más eficientes. Un hermoso experimento social que la miopía de la siguiente administración truncó a lo idiota.

Juan llevaba varios años enfermo. Se fue aislando poco a poco, dejó de frecuentar a los amigos, no volvió a responder mails ni llamadas del celular. Acaso avergonzado de estar enfermo.

Varias veces le mandé decir con amigos comunes que lo quería. Ignoro si le llegaron mis mensajes. Lo cierto es que comenzó a correr el rumor de que estaba muy grave, que no se atendía. Como quiera que sea, ayer mi amiga Mónica González me llamó para darme la noticia. Juan, nuestro Juanito, estaba muerto.

No vale la pena abundar en detalles anecdóticos. Lo que importa es que se nos ha ido un buen hombre. Un narrador talentoso y sobre todo, un humano generoso. Con sus luces y sombras.

La última vez que vi a Juan fue en Saltillo, compartimos una mesa redonda sobre género negro con otros colegas: Paco Taibio II, Paco Haghenbeck, Eduardo Monteverde, Juajo Rodríguez, Elmer Mendoza, Rolo Díez, Eduardo Monteverde, Francisco José Amparán, el propio Juan y yo. Esta misma semana, Paco Amparán murió de un infarto en Torreón. La novela negra está de luto.

Descansa en paz, carnal, donde quiera que estés. Te vamos a extrañar.

PD: Alberto Chimal escribió una nota mucho mejor que ésta sobre Juan. Puede leerse aquí.

Juan participaba en el blog colectivo Diez negritos. Aquí, una de sus muchas participaciones, una especialmente entrañable para mí, donde a la pregunta de quiénes son los escritores jóvenes más interesantes para él, responde demoledor:

Mexicano, ninguno. Los mexicanos somos caníbales. Desde que te da por ser escritor hay que romper con todos y odiarlos a todos. Nadie puede ser mejor escritor que uno.

Ese era Hernández Luna.

5 comentarios:

Erik Proaño Muciño (Frik) dijo...

En paz descanse este generoso y severo escritor mexicano; joven, de buena mano y juicios demoledores... Mi más sentido pésame carnalito.

ÚXKR dijo...

Para estas cosas no existen palabras BEF.

Mauricio Alberto dijo...

Favor ponerse en contacto a la brevedad para entrevista.

Gracias,

Mauricio

KioskoCultural@gmail.com

{{El Diablo}} dijo...

Trillado pero cierto, los adioses nunca son adioses, sino hasta pronto. Què bueno que atesores cosas tan intensas de su memoria.


Saludos Enfermos.

Bef dijo...

Gracias a todos por sus comentarios. En fin, espero que donde quiera que esté, Juan esté mejor que aquí.