En la foto, Rebeca y un colado, con el Sena al fondo.Algunas postales de viaje (1)Muchas gracias desde aquí a todos los amigos que nos dieron asilo durante este viaje a Rebeca y a mí, en Barcelona a Cinthya y Flavio, en Madrid a Vicente y Bea y a Sumi y Fausto, en París a la princesa Maud y a Luis, así como a mi compa Améziane, y en Granada y Dos Hermanas a Gabriella y Víctor . Sin ustedes no habríamos podido viajar tanto. Los queremos.Barcelona
En Barcelona, generosos como siempre,
Cinthya y
Flavio nos reciben en su apartamento, donde también le han dado refugio temporal a Marco Sandoval, amigo de Cinthya de tiempos de la escuela, con el que hacemos buenas migas de inmediato.
Estamos aquí para asistir a la boda de mi prima Elena, que vive en Barcelona hace algunos años y ahora se casa con Marco, su novio italiano. Josefina, madre de Elena y hermana menor de mi papá también vive aquí. Habemos representantes de las cuatro ramificaciones de la familia de mi papá.
Mientras, Rebeca y yo aprovechamos para chancletear esta ciudad, hermosa e inagotable. Es inevitable visitar los edificios de Gaudí y el Parque Güell, caminaro por el barrio gótico y la rambla.
La boda transcurre espléndidamente, re-descubro a mis tres tías, ahora con ojos de adulto y encuentro tres personas magníficas (si bien no podían ser más diferentes entre sí). En la fiesta, habemos mexicanos, italianos, catalanes, un mariachi multinacional y hasta un gringo que pasaba por ahí. Sólo nos faltó un invitado de honor. Pero sabemos que estuvo ahí.
Me sorprende ver que la obra de Sagrada Familia efectivamente ha avanzado un poco. Y que ahora se ven más carteles y señalizaciones en catalán que hace seis años, cuando anduve por acá.
Aprovecho para tomarme un café con mi amigo
Juanma Santiago, quien hasta hace poco era editor de la revista Gigamesh y que me ha escrito un generoso prólogo para
Gel Azul. Nos conocimos en Gijón en el 2000 y, como dice él, hemos crecido juntos. Un tipo magnífico.
Y no me queda duda, la catedral de la Sagrada Familia, mezcla imposible de un pastel de XV años con el casco de Darth Vader que resulta sorprendentemente hermosa, es uno de mis edificios favoritos del planeta.
La última noche coincidimos con Eric Nava, del Taller de gráfica del Museo Felguérez, quien viaja con su novia y su cuñada. Todos (Flavio, Cinthya, Marco, Eric y sus acompañantes, Rebeca y yo) vamos a cenar a un restaurante a todo trapo.
Madrid
Nos recibe en el aeropuerto mi amigo Vicente Vargas, al que conozco desde que somos niños (su amistad es de lo poco bueno que me dejaron las escuelas maristas). Pasamos unos días con él y Bea, su linda esposa, en su departamento del barrio de Moratalaz.
Madrid no me gusta. Mi abuelo decía que era una ciudad de la que te enamorabas apenas la pisabas (quizá por ello la visitó más de 20 veces), pero a mí no me entusiasma tanto. A cambio de ello, me gusta mucho su gente.
Visitamos el Parque del Retiro (aunque nunca di con la estatua del Ángel Caido) y el Museo Thyssen-Bornemisza. El Prado lo dejamos para otra ocasión y preferimos el Reina Sofía, donde además de sentirnos orgullosos de ver un Diego Rivera, el Guernica nos deja mudos. No había podido verlo las otras dos ocasiones que estuve en Madrid.
Sumi Matsumoto, amiga mía desde la universidad, nos invita a comer un día. Comparte un departamento con varios amigos y se ofrecen a recibirnos cuando volvamos de Granada, pues para entonces Vicente estará en México. Aceptamos gustosos.
París
Luis Pérez, bautizado en Gijón "El Tiburón" por Juanito Hernández Luna, nos recibe en el aeropuerto Charles De Gaulle. Nos quedamos con él y su esposa, Maud, durante varios días en su céntrico departamento, apenas a dos cuadras de Notre Dame.
La primera noche coincide con una cena con José Manuel Fajardo y su esposa. Luis cocina estupendamente y durante estos días nos sorprenderá todo el tiempo con platillo magníficos.
Nacido en El Salvador pero criado en Estados Unidos, Luis es Doctor en el letras por la universidad de Princeton, es uno de los especialistas más respetados en literatura cubana y ahora el amor lo ha traido hasta la Sorbona, al lado de su amada Maud, quien también es académica, especialista en arte medieval. Conocí a Luis en Gijón en el verano e hicimos amistad de inmediato. De tiburón no tiene nada, al contrario, nos recibe como marqueses y durante nuestra estancia nos mima y consiente como no merecemos.
París debe ser sin duda la ciudad más hermosa de Europa, el caminarla es un deleite.
El sábado, por invitación de Luis, participo en unas jornadas académicas en la Sorbona sobre
literatura y violencia. El encuentro reúne a varios académicos y escritores latinoamericanos. Yo hablo sobre la tradición "sicaresca" en México, tomando como ejemplos tres novelas de tres generaciones diferentes,
El complot mongol de Rafael Bernal,
Un asesino solitario de Elmer Mendoza y, ejem,
Tiempo de alacranes, en las que los asesinos toman la palabra en primera persona para hablar de su entorno inmediato, la primera transcurrida en pleno régimen revolucionario, la segunda durante el derrumbe del priísmo y la tercera en los primeros años del nuevo régimen. Me va muy bien.
Campechaneo la turisteada con un par de visitas de negocios, visito a mi presunto agente en Europa, Alexandre Civico de la agencia literaria de Lora Fontain, quien es nada menos que la esposa de Gilbert Shelton, el autor de los Freak Brothers, y también representa a Robert Crumb y Alan Moore. Pero no serán mis agentes hasta que no se logre colocar la traducción de alguno de mis libros.
También tomo una copa con Judith Vernant y Marc Fernández, que acaban de iniciar una editorial especializada en policiaco y que tienen interés en publicar mi novela. Ojalá.
Y finalmente con Odile Boutry, traductora especializada en cómics que buscará un editor para mis monos.
La última noche la pasamos en el loft de Améziane, mi colega monero que está adaptando la novela "Cuatro Manos" de Taibo al cómic, quien nos cede su espacio y se va a dormir con su novia Sybille (un gran sacrificio).
Dejamos París encantados con tantos amigos nuevos y viejos. La nota discordante es que por estar pajareando, perdemos el vuelo de regreso a Madrid. Por ser comprado con una línea de bajo costo, no hay manera de que nos lo repongan y tengo que comprar de emergencia unos boletos de 600 euros que dan al traste con nuestro presupuesto. Ni modo, tendremos que pasar el resto del viaje bastante restringidos y sin poder comprar regalos. Chale.
Granada
Tras una noche en Madrid, volamos a Granada donde nos reciben mis editores,
Gabriella Campbell y
Víctor Miguel Gallardo. Resultan ser una pareja magnífica con quienes hacemos amistad de inmediato como si nos conociéramos de muchos años. Rebeca y yo aprovechamos para pasear por las calles de Granada durante el jueves para salir todos juntos, junto con la magnífica
Mamen, amiga de ellos. Tras ciertas dificultades técnicas con su auto, rentamos una camioneta (furgoneta, en buen castizo) y enfilamos hacia Dos hermanas, a la Hispacón, de la cual me encargaré en el siguiente post, pues me parece que vale la pena dedicarle un post entero.