viernes, noviembre 11, 2005

Dios le bendiga, Mr. Vonnegut



Acabo de perder un entusiasta post sobre Kurt Vonnegut. En un intento vano por recuperarlo, aquí va de nuevo:

Decía que hoy es el cumpleaños de Kurt Vonnegut, mi escritor favorito.

Hablaba de su vida, nacido un día como hoy de 1922, en Indianápolis, EEUU, en el seno de una acomodada familia germano-norteamericana. De cómo había tenido una niñez tranquila hasta la llegada de la gran depresión, que dejó a su familia al borde de la miseria y a su madre, Edith, sumida en una tristeza que desembocó en el suicidio (él mismo intentaría quitarse la vida en 1985).

Contaba que Kurt Vonnegut había estudiado química en la Universidad de Cornell, en Nueva York, donde también estudiaron Carl Sagan, Toni Morrison y Thomas Pynchon, entre otros.

Refería su posterior enlistamiento en el ejército, de cómo fue mandado al frente europeo y hecho prisionero de guerra por los nazis, de la manera en que fue enviado a trabajar en una fábrica en Dresden, Alemania. Del modo en que atestiguó, encerrado en una celda subterránea, el bombardeo aliado que dejó reducida a cenizas esta hermosa ciudad medieval.

Asimismo, hablaba de su vuelta a la vida civil, de su paso por la Universidad de Chicago para estudiar antropología y su posterior trabajo en el departamento de relaciones públicas de la General Electric en Schenectady, Nueva York, de cómo Vonnegut atribuye su estilo conciso, casi telegráfico, a tantos informes y boletines de prensa redactados durante ese período.

Decía que su primer cuento corto, Report On the Barnhouse Effect, una joyita, fue publicado en 1950 (su temprana narrativa breve está compilada en el libro Wellcome to the Monkey House, de 1968).

Que su novela Player Piano (1952) fue inspirada por el ambiente deshumanizado y alienante de la General Electric, que su siguiente libro, The Sirens of Titan (1959) fue incluido en la compilación de las mejores 100 novelas anglosajonas de ciencia ficción (1949-1984) que hiciera David Pringle.

También comentaba que el propio Vonnegut lamentaba un poco haber comenzado a escribir ciencia ficción, género que en sus propias palabras "algunos críticos confunden con una letrina".

Y decía que su siguiente novela, Mother Night (1961), daba un giro radical, al tratarse de las memorias apócrifas (presentadas por Vonnegut como auténticas) de Howard W. Campbell, Jr. (seguramente el nombre es una referencia al célebre editor de ciencia ficción), un doble agente gringo infiltrado en la cúpula nazi como propagandista antisemita, tan metido en su papel que al terminar la guerra es llevado a juicio por el gobierno de Israel, desvanecida toda evidencia de que trabajaba para el gobierno gringo (y que mandaba mensajes cifrados a través de sus discursos radiofónicos).

Hablaba de mi teoría personal de que, vistas en retrospectiva, cada novela de Kurt Vonnegut lidia en concreto con un gran tema de lo humano (refería al propio Vonnegut diciendo que toda gran obra literaria trata sobre la monserga de ser un humano).

Así, escribía sobre mi creencia de que Vonnegut ha escrito, entre otras, una novela sobre la ciencia (Cat's Cradle, 1963), otra sobre la guerra (Slaughterhouse Five, 1969), una más sobre el poder (Jailbird, 1979) y mi favorita personal, una sobre el arte (Bluebeard, 1988).

Y entonces entraba de lleno al universo Vonnegutiano, de personajes que saltan de una novela a otra, de situaciones interconectadas y obsesiones recurrentes. Hablaba de sus personajes, como el extravagante escritor de ciencia ficción Kilgore Trout, alter ego del propio Vonnegut y basado en la personalidad de Theodore Sturgeon (de ahí el juego de palabras), o el pintor Rabo Karabekian.

Decía que hay buenas traducciones de sus libros, pero HAY que leerlo en inglés.

Hasta ahí lo escrito.

Entonces pensaba contar sobre cómo di con mi primera novela de Kurt Vonnegut una las muchas tardes que pasé en la biblioteca de la Ibero, lidiando con mis horas ahorcadas. De cómo encontré un ejemplar de Barbazul, la traducción de Anagrama mientras buscaba un libro de William Burroughs. De la manera en que lo tomé, confundiendo a su autor (no me pregunten porqué) con Philip José Farmer. De la forma en que me voló la cabeza su lectura y me volvió un adicto a la narrativa de Vonnegut.

De ahí pensaba hablar de su estilo conciso, de párrafos breves que semejan telegramas. De su agudo sentido del humor y rabioso cinismo que esconde (lo sabemos bien, Kurt) un profundo amor por lo humano. De que Bluebeard es mi novela favorita de todos los tiempos.

Y planeaba referir su trayectoria como monero, que iniciara ilustrando sus propios libros, siendo especialmente famoso su dibujo de un ano ("an asshole", en otro juego de palabras) con forma de asterisco para Breakfast of Champions. De cómo ha expresado su admiración por Saul Steinberg.

Pensaba hablar de las películas que se han hecho sobre sus libros, sobre su aparición en una cinta menor de Rodney Dangerfield, sobre su adicción a fumar Pall Mall ("una manera elegante de cometer suicidio"), sobre su hermano Bernard Vonnegut, brillante meteorólogo descubridor de un método par inducir la lluvia rociando bromuro de plata sobre las nubes, sobre la trágica muerte de su hermana Alice y la consecuente adopción de sus sobrinos, sobre su feroz antimilitarismo, sobre su esposa, la fotógrafa Jill Krementz, sobre la novela Venus on the Half Shell escrita en 1974 por Philip José Farmer a partir de medio párrafo de God Bless You, Mr. Rosewater y firmada con el seudónimo de Kilgore Trout, en un impresionante ejercicio de imitación del estilo vonnegutiano, sobre su creencia de que jamás ha recibido el premio Nobel por haber fracasado como vendedor de autos Saab ("los suecos, se dice, tienen penes cortos y memoria larga..."), sobre cómo casi se muere cuando se incendió su departamento de Manhattan en el 2000, sobre el bautizo del asteroide 25399 Vonnegut en su honor...

En fin, iba a ser un bonito post sobre Kurt Vonnegut, escrito para festejar su cumpleaños el día de hoy, decretado oficialmente en Nueva York por el alcalde Bloomberg como el día de Kurt Vonnegur,Jr.

Quizå sea mejor homenaje leer sus libros. A continuación, la lista (casi) completa de ellos (descontando ediciones limitadas y cosas semejantes):

Novelas
Player Piano (1952).
The Sirens of Titan (1959).
Mother Night (1961).
Cat's Cradle (1963).
God Bless You, Mr. Rosewater (1965), ésta es muy popular, pero no es de mis favoritas.
Slaughterhouse-Five (1969).
Breakfast of Champions (1973).
Slapstick (1976).
Jailbird (1979).
Deadeye Dick (1982), la única que no he leído. *
Galápagos (1985).
Bluebeard (1988) ¡WOW!
Hocus Pocus (1990).
Timequake (1997), con la que se despide de la narrativa.


Compilaciones de cuento
Canary in a Cathouse (1961) .*
Welcome to the Monkey House (1968).
Bagombo Snuff Box (1999). *

Ensayo
Wampeters, Foma and Granfalloons (1974), una maravilla de libro.
Palm Sunday, An Autobiographical Collage (1981).
Fates Worse than Death (1991).
God Bless You, Dr. Kevorkian (1999). *
A Man Without a Country (2005), compilación de sus artículos publicados en la revista In These Times. *

Los que están marcados con (*) no los tengo, , así que ya saben qué pueden regalarme en navidad.

¡Feliz cumpleaños, querido Kurt!




De puntitas
Me produjo gran tristeza la muerte inesperada de Emilio Ebergenyi, legendario locutor de Radio Educación.

Sé que nadie oye esa estación, pero los que fuimos criados por papás comunistas-jipis-liberales-de izquierda recordamos todas las mañanas, camino a la primaria, su programa infantil "De puntitas", deliciosa transmisión que a diferencia de Odisea Burbujas y anexas, no trataba a los niños como adultos idiotas.

Personaje imprescindible de la radio cultural, actor y locutor, dueño de un gran sentido del humor y una actitud auténticamente irreverente, Emilio murió de un aneurisma a la edad de 55 años. Había dedicado los últimos 30 a la locución.

Se dice que al saber que lo operarían de la cabeza, dijo " al menos que no me extirpen el sentido del humor". Snif.

No tuve el gusto de conocerlo. Me entrevistó por teléfono para el noticiero "Pulso" de Radio Educación, ahora que se publicó Tiempo de alacranes. Le dije que era su fan desde niño. Quedamos que iría algún día a la cabina. Nunca será.

Descanse en paz.

jueves, noviembre 10, 2005

Big Bang



Esta semana y durante las siguientes dos estará publicándose en la revista Big Bang mi cómic Tres Deseos, sobre una niñita pedinche y su muy mañosa hada punk. Sé que BB sale a principios de semana y puede que hoy sea un poco tarde, pero aún estamos a tiempo (es la que tiene a Chicken Little en la portada).

También estaré el domingo presentando Pulpo Cómics en la FILIJ, a las 15:00 horas en la Carpa Jóvenes de la Feria, en compañía de Pepe Rojo, Jimena Padilla y Ricardo Peláez, y firmando libros en el stand de Alfaguara a las 18:00. La feria estará en el CNA, Tlalpan y Churubusco. La entrada es gratuita (el estacionamiento no, caramba...)

lunes, noviembre 07, 2005

"Buñuel tiene razón...

Cuenta Luis Buñuel en su libro de memorias, Mi último suspiro (qué gran título), la siguiente anécdota:

En cierta ocasión se hallaban reunidos Federico García Lorca, Salvador Dalí y el propio Buñuel. Imaginen la escena.

García Lorca leía a sus amigos su última obra, titulada Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín.

Cuando Federico acabó, emocionado hasta las lágrimas, les preguntó:

--Bien, ¿qué os ha parecido?

En ese momento cayó un silencio estrepitoso, incómodo. García Lorca sólo alcanzó a buscar con la mirada a Buñuel, quien sin dudar le dijo:

--Es una mierda.

Lorca, el gran poeta de la guerra civil española, el más importante dramaturgo español de la primera mitad del siglo XX y autor favorito de Leonard Cohen se quedó congelado. Buscando ayuda, volteó hacia Dalí, quien remató:

--Buñuel tiene razón. Es una mierda.

En aras de la justicia, Lorca no sólo es un poeta sublime, sino que además el muy maldito se dio el lujo de adelantarse por lo menos un par de décadas a sus conteporáneos. Como evidencia, ofrezco el siguiente texto, tomado de su libro Poeta en Nueva York (1930), que Allen Ginsberg hubiera querido poder escribir en los 50:

New York

Oficina y denuncia

A Fernando Vela

Debajo de las multiplicaciones
hay una gota de sangre de pato.
Debajo de las divisiones
hay una gota de sangre de marinero.
Debajo de las sumas, un río de sangre tierna.
Un río que viene cantando
por los dormitorios de los arrabales,
y es plata, cemento o brisa
en el alba mentida de New York.
Existen las montañas, lo sé.
Y los anteojos para la sabiduría,
Lo sé. Pero yo no he venido a ver el cielo.
Yo he venido para ver la turbia sangre,
la sangre que lleva las máquinas a las cataratas
y el espíritu a la lengua de la cobra.
Todos los días se matan en New York
cuatro millones de patos,
cinco millones de cerdos,
dos mil palomas para el gusto de los agonizantes,
un millón de vacas,
un millón de corderos
y dos millones de gallos
que dejan los cielos hechos añicos.
Más vale sollozar afilando la navaja
o asesinar a los perros
en las alucinantes cacerías
que resistir en la madrugada
los interminables trenes de leche,
los interminables trenes de sangre,
y los trenes de rosas maniatadas
por los comerciantes de perfumes.
Los patos y las palomas
y los cerdos y los corderos
ponen sus gotas de sangre
debajo de las multiplicaciones;
y los terribles alaridos de las vacas estrujadas
llenan de dolor el valle
donde el Hudson se emborracha con aceite.
Yo denuncio a toda la gente
que ignora la otra mitad,
la mitad irredimible
que levanta sus montes de cemento
donde laten los corazones
de los animalitos que se olvidan
y donde caeremos todos
en la última fiesta de los taladros.
Os escupo en la cara.
La otra mitad me escucha
devorando, orinando, volando en su pureza
como los niños en las porterías
que llevan frágiles palitos
a los huecos donde se oxidan
las antenas de los insectos.
No es el infierno, es la calle.
No es la muerte, es la tienda de frutas.
Hay un mundo de ríos quebrados
y distancias inasibles
en la patita de ese gato
quebrada por el automóvil,
y yo oigo el canto de la lombriz
en el corazón de muchas niñas.
Óxido, fermento, tierra estremecida.
Tierra tú mismo que nadas
por los números de la oficina.
¿Qué voy a hacer?, ¿ordenar los paisajes?
¿Ordenar los amores que luego son fotografías,
que luego son pedazos de madera
y bocanadas de sangre?
San Ignacio de Loyola
asesinó un pequeño conejo
y todavía sus labios gimen
por las torres de las iglesias.
No, no, no, no; yo denuncio.
Yo denuncio la conjura
de estas desiertas oficinas
que no radian las agonías,
que borran los programas de la selva,
y me ofrezco a ser comido
por las vacas estrujadas
cuando sus gritos llenan el valle
donde el Hudson se emborracha con aceite.


Oh, boy,

Debo confesar que desde el nombre, Federico García Lorca me sonaba a un poeta mamón y aburrido. Mi abuelo recitaba de memoria el Romancero gitano, lo cual aumentaba su índice de uncoolness. Pero cuando descubrí este texto y luego el libro completo, me enamoré de su obra poética. Ya lo he dicho, soy un lector de poesía de clóset.

Y aunque nunca he leído Amor de Don Perlimplín..., confío en la opinión de Buñuel y Dalí. Por algo se publicó póstumamente...

miércoles, noviembre 02, 2005

Augusto Monsteroso



Y cuando despertó, el monstruo todavía estaba ahí.

lunes, octubre 31, 2005

"Los tests de inteligencia sólo miden la capacidad para resolver tests de inteligencia"


(En la foto, William S. Burroughs lee durante un receso de la filmación del video Just One Fix, de Ministry. Una pena que el viejo haya aparecido también en un video de U2, pero bueno, nadie es perfecto).

Leí alguna vez que sólo existen tres autores de literatura punk: Jean Genet, J.G. Ballard y William Burroughs. Los tres eran hombres mayores para cuando Johnny Rotten dio sus primeros berridos.

Quizá la importancia de la obra de Burroughs resida más en su capacidad transgresora, en su desparpajo para entrarle de frente a temas de gran sordidez sin desviar la mirada, a aceptar honesta, cínicamente su relación con las drogas, su condición homosexual.

Pero más allá de ello, me da la impresión que el corpus narrativo (y la poca poesía) de WSB parece diluirse a lado de su personaje. Porque pese a su marginalidad, Burroughs era tan gringo, en el peor de los sentidos, como el pay de manzana.

David Huerta dijo alguna vez que Burroughs pasó por México como cualquier otro turista, sin el menor interés en la cultura y tradiciones locales. Jorge García Robles ironizaba al respecto diciendo que WSB fue contemporáneo de gente como Salvador Novo, de la que jamás escuchó hablar (ni le interesaba).

Quizá el personaje mexicano que más fascinó al tío Bill, al menos uno de los que rankeaba alto, fue Lola la Chata, célebre matriarca del hampa mexicana de los 50, matrona de la heroína y demás drogas, controladora del tráfico de sustancias en nuestra muy noble y leal ciudad.

Burroughs jamás la llegó a ver, pero en su búsqueda de drogas tuvo que enfrentarse indirectamente a la mano dura de la Chata (vinculada, por cierto a unos hermanos que eran sus matones, de apellido Izquierdo Ebrard... un apellido que me suena).

¿Cómo era la vida de WSB en el DF? Casado con Joan Vollmer, recibía una pensión del ejército por estudiar en el Mexico City College. No trabajaba y se la pasaba de fiesta en fiesta, briago o puesto. Fue precisamente durante una borrachera de días cuando le pidió a su mujer (con quien llevaba una relación enferma e intensa) que se pusiera un vaso en la cabeza para "la vieja rutina de Guillermo Tell."

Bang.

Bill fue a dar al tambo, de donde salió gracias a los manejos de Bernabé Jurado, abogado tranza donde los haya. Tuvo que permanecer algún tiempo en libertad condicional hasta que casi un año después pudo salir del país. Empacó sus cosas y se largó a Marruecos, para jamás volver a México.

Ahí viene la segunda conexión con mi abuelo (ya hablé de su amistad con Jurado). Cuando recientemente murió Macharnudo (como firmó como periodista durante toda su vida) pedí que me regalaran su pasaporte, sólo para descubrir una extensa estancia en Tánger, Marruecos, durante 1956, año en el que WSB escribió The Naked Lunch en una habitación de hotel de esa misma ciudad.

¿Qué hacía mi abuelo en Marruecos? No lo sé de cierto, la leyenda cuenta que estando en España un amigo suyo lo invitó a dar un paseo que duró varias semanas y terminó en el África septentrional. ¿Cuántos hoteles para turistas habría en aquel tiempo en Tánger? ¿Ubicaría Macharnudo a aquel gringo loco que mató a su esposa cinco años atrás (fue noticia de primera plana)? ¿Se cruzarían en algún bar, en el Zoco o en el Café Central?

Nunca lo sabré. Mi abuelo siempre fue muy elusivo cuando le preguntaba sobre aquel gringo loco que había matado a su mujer de un balazo, aquel que su amigo había sacado de Lecumberri en tiempo récord.

Casi cincuenta años después llegué a Tánger junto con Deyanira y Pepe Rojo. Veníamos huyendo un poco de España pero también buscando las huellas del tío Bill en esa ciudad. Estaban ya muy diluidas, Recuerdo que pasamos en un taxi frente al famoso hotel, el Hotel Americaine, si no me equivoco. Quise bajarme, buscar alguna placa, alguna evidencia del paso del escritor por la ciudad. No lo hice, como tampoco busqué otras huellas de otros narradores que han pasado por esa ciudad magnética, como Bowles y su mujer, Gore Vidal, el propio Genet.

Cuando García Robles presentó La bala perdida en el CNA, hubo una comunicación telefónica con Burroughs. El salón estaba repleto de entusiastas de WSB de todas las edades, incluidos el Carcass (que parece estar de moda en este blog) y yo. Con su voz cascada, nasal, el viejo se despidió con un gran saludo: "Salut, cabrounes!"



Hace poco di con unas fotos de un muy viejo Burroughs en su vida cotidiana en Lawrence, Kansas, donde pasó la mayor parte de su vida. Los habitantes locales no sabían si enorgullecerse o morirse de la vergüenza de la presencia del autor entre ellos.

Me da la impresión de que alejado de los medios, este frágil anciano con cara de buitre era un educado caballero que compraba sus abarrotes en el súper y saludaba a sus vecinos por su nombre, que regalaba dulces a los niños en Halloween y que de tanto en tanto se quedaba dormido en una mecedora, acaso recordando aquel día de 1951, cuando un tiro fallido cambió su vida para siempre.

Happy Halloween, Unca Bill!

viernes, octubre 28, 2005

"Ojos de insecto que no sueña"



(Gracias al Carcass por rolarme este bonito retrato que le hizo Annie Leibovitz al tío Bill).

La primera vez que supe sobre William Burroughs tenía 18 años. Leí en algún lado que el término heavy metal lo había inventado él.

"Mmm. Interesante", pensé.

Pero al querer encontrar sus libros me encontré con una pared de silencio.

"No, no tenemos nada de él, pero nos llega en quince días", me decían en Gandhi.

"¿Tú conoces a William Burroughs?", le pregunté a Juan Carlos Capuzano, uno de mis profesores de la universidad.

"¿El de Tarzán?", repuso.

Finalmente en la biblioteca de la Ibero di con un libro del viejo beat: Snack, una compilación de entrevistas que dio a la BBC. Estaba en la sección de narrativa norteamericana contemporánea, donde también estaba Barbazul, de Kurt Vonnegut en su edición de Anagrama (pero hablaré de K.V. en otra ocasión).

Fue hasta meses después que di con un par de viejas ediciones de Exterminador y Las últimas palabras de Dutch Schultz en la librería del Parnaso de Coyoacán.

Wow. No entendí nada, pero me voló la cabeza.

Dos años después, de viaje con mis papás por Estados Unidos me di una escapada a una librería de mall mientras el resto de la familia compraba ropa y zapatos.

"Do you have any book by William Burroughs?", pregunté al dependiente.

"Oh, yes, he's the author of The Naked Gun, right?", repuso, confundiéndose con el título de una película de Leslie Nielsen, conocida aquí como ¿Y dónde está el policía?.

Pero no lo tenían.

Tuve que esperar dos años. En 1994, en San Diego, de visita a una Comicon, Bachan, Carcass y yo dimos con Tohu Bohu, una galería-librería que tenía en el aparador montones de libros interesantes ¡y una docena de libros de William Burroughs!

Pero, maldita sea, no tenían The Naked Lunch, que se había vuelto mi obsesión.

Compré casi 100 dólares de libros del tío Bill (de aquellos previos a la devaluación) y al ver mi entusiasmo por el viejo, el dueño del changarro me invitó a pasar a la trastienda y me regaló una vieja edición en paperback del Almuerzo desnudo.

Finalmente, cuatro años después la puede leer.

Y si los primeros libros de Burroughs me volaron la cabeza, Naked Lunch me puso en órbita, con sus imágenes alucinantes, sus atmósferas opresivas, la imaginería cienciaficcionera y su estructura delirante.

Recuerdo especialmente las correrías del tenebroso Doctor Benway y la historia del ventrílocuo que le enseñaba a hablar a su ano (hasta que éste decidía apoderarse del cuerpo).

¿Que de qué se trata Naked Lunch? Uf, no lo sé. Es un descenso al infierno de la heroína. Es una fantasía paranoide poblada de extraterrestres insectoides y horrores orgánicos (nada que ver con el nerdazo de Lovecraft).

Debe haber una trama por ahí. Yo nunca la encotré.

Hace poco comentaba con Ira que es la clase de cosas que si no lees a los veinte años no leerás nunca. Estuvo de acuerdo, ella no lo ha leído, y no lo haría ya.

En algún número de Eightball, Dan Clowes decía que era la clase de material que ahora sólo leen universitarios pretensiosos.

Oh, well...

miércoles, octubre 26, 2005

"Son cosas que pasan"



Así, en español, se refería a la muerte accidental de su esposa Joan el escritor norteamericano William Burroughs (1914-1997). Burroughs le voló la tapa de los sesos a su mujer durante una borrachera en su departamento de la colonia Roma, en la ciudad de México. Se dice que solían jugar una rutina de Guillermo Tell, en el que ella se colocaba un vaso en la cabeza para que él se lo tumbara de un balazo.

Prófugo de la asfixiante vida en la puritana Norteamérica de la posguerra, Burroughs decide establecerse en el DF sin mayor razón que la de no estar en su país. Es visitado continuamente por sus amigos Allen Ginsberg y Jack Kerouac, a quienes había conocido en la universidad e incluso consideraba echar raíces en este país.

Nieto del inventor de la máquina sumadora que lleva su apellido, el viejo tío Bill jamás tuvo que trabajar y gozó hasta el último día de sus vidas de los generosos dividendos de la compañía familiar (hoy Unisys).

Homosexual y adicto a las drogas, la biografía de William Burroughs es una montaña rusa vertiginosa en la que se suceden las tragedias y los desencuentros.

El asesinato --aparentemente imprudencial-- de su esposa lo lleva a la tenebrosa cárcel de Lecumberri, de donde es sacado en tiempo récord por Bernabé Jurado, legendario abogado penalista de los años 50 que era, primera conexión, amigo de mi abuelo.

Burroughs decide entonces establecerse en Tánger, la Tijuana de Marruecos, donde en medio de chutes de heroína y sexo desenfrenado con chamaquitos árabes escribe su segunda novela, The Naked Lunch, colección semi inconexa de apuntes y relatos grotescos aparentemente situados en alguna parte de su imaginario yonqueta.

La primera novela de Burroughs (publicada con el seudónimo de William Lee), Junkie, fue escrita en el DF, antes de su tragedia, en aquellos días en que desayunaba whisky en alguna cantina --hoy derruida-- de la Condesa.

Aparte de recomendar el excelente libro de Jorge García Robles, La bala perdida, sobre la vida del tío Bill en México (de 1949 a 1951), voy a compartirles un poemita escrito hace 20 años, que parece no perder vigencia en la Norteamérica de George Bush (recordemos que el día de acción de gracias es la fiesta tradicional más importante de los gringos, pues celebra el establecimiento de las primeras colonias de los llamados padres fundadores; durante el festejo se cena pavo y papas con salsa de arándano):


Thanksgiving Day, Nov. 28, 1986

For John Dillinger
In hope he is still alive

Thanks for the wild turkey and the Passenger Pigeons, destined to be shit out through wholesome American guts

thanks for a Continent to despoil and poison

thanks for Indians to provide a modicum of challenge and danger

thanks for vast herds of bison to kill and skin, leaving the carcass to rot

thanks for bounties on wolves and coyotes

thanks for the AMERICAN DREAM to vulgarize and falsify until the bare lies shine through

thanks for the KKK, for nigger-killing lawmen feeling their notches, for decent church-going women with their mean, pinched, bitter, evil faces

thanks for "Kill a Queer for Christ" stickers

thanks for laboratory AIDS

thanks for Prohibition and the War Against Drugs

thanks for a country where nobody is allowed to mind his own business

thanks for a nation of finks --yes,

thanks for all the memories... all right, let's see your arms... you always were a headache and you always were a bore

thanks for the last and greatest betrayal of the last and greatest of human dreams.


Wow.

Como dice Poncho Esparza, aquí va la traducción para los que fueron en escuela de gobierno (yo incluido).

Día de acción de gracias, 28 de noviembre de 1986

A John Dillinger
esperando que siga vivo

Gracias por el pavo y las palomas mensajeras, destinados a ser cagados a través de los saludables intestinos norteamericanos.

Gracias por todo un continente para depredar y envenenar.

Gracias a los indios que nos proporcionan algo de peligro y de reto.

Gracias por las grandes manadas de bisontes para matar, despellejar y dejar pudriéndose.

Gracias por las recompensas ofrecidas por lobos y coyotes.

Gracias por el sueño americano, por divulgar y falsificar hasta que su falsedad salga a la luz.

Gracias por el Ku Kux Klan, por los policías que matan negros y se los apuntan en su registro, por las mujeres piadosas y decentes con sus caras mezquinas cansadas, amargadas y hostiles.

Gracias por las calcomanías que dicen "Mata un maricón en nombre de Cristo"

Gracias por el sida de laboratorio.

Gracias por la prohibición y la guerra contra las drogas.

Gracias por un país donde a nadie se le permite ocuparse de sus asuntos.

Gracias por una nación de tarugos.

Gracias por todos los recuerdos... muy bien, enséñame los brazos... siempre has sido un dolor de cabeza y un aburrido.

Gracias por la última y más grande traición al último y más grande de los sueños humanos.



Ah...

Lo siento por la traducción.

Más sobre el viejo tío William Burroughs en los próximos posts.

jueves, octubre 20, 2005

The Good Old Times

"Vamos a ver a Napalm Death", me dijo el Carcass hoy por la mañana.

Con su aspecto de profesor universitario, vestido de suéter y zapatitos negros impecablemente boleados (siempre se vistió así), el Carcass es uno de los metaleros hardcoreholics más radicales que conozco. Un auténtico gourmet de la estridencia.

Nos conocimos en la prepa, en un taller de artes gráficas en el CUM. Eramos un par de outsiders, él fan del metal y el cine gore, yo de los cómics, el punk rock y la ciencia ficción. Una asociación natural.

Fuimos juntos a la universidad, donde estudiamos diseño. Junto con Bachan y Vera formamos un colectivo de moneros, Molotov, con el que publicamos varios fanzines de comics y gore en los que también participaron, entre otros, los hermanos Priego, Ernesto y Rodrigo.

Molotov se disolvió hace más de 10 años. Todos seguimos nuestros caminos, pero ahora que doy clases en la Ibero me he rencontrado con el legendario Carcass, uno de mis gurús personales, gracias al cual conocí montón de grupos y películas extraños. Empezando por la movida del grindcore y el death metal.

"Ya no hay bandas pesadas", nos lamentábamos a coro. La furia de la música de Ministry, Laibach o Morbid Angel parece haberse diluido. El propio Trent Reznor está envejeciendo. Hoy todo suena a Incubus, decíamos como los dos viejitos de los Muppets.

Ir al concierto de Napalm Death sería como descolgarse en uno de los bailes del Fonógrafo del recuerdo. O del Insen.

"Whatever happened to the good old times?", se lamentaba Nite Owl con Rorscharch. La mejor respuesta es la que daba el legendario Fernando Zertuche: "No eran ni tan good ni tan old ni tan times".

"La primera vez que me sentí viejo", decía el Carcass, "fue cuando en el concierto de Type-O Negative empezaron a tocar Hey Jude y nadie la reconoció".

"La primera vez que yo me sentí viejo fue cuando fuimos a ver a Slayer juntos y todos los chavitos tenían diez años menos que nosotros", contesté.

Y seguimos lamentando el estado de las cosas en una mesa de la sala de profesores de la Ibero, minutos antes de irnos a dar clase de 9.

lunes, octubre 17, 2005

FIL Monterrey 2005

En absoluto desorden, obviando hechos y personas, va la crónica de la Feria y el encuentro de narradores de Tierra Adentro:

Salir el jueves temprano al aeropuerto. Coincidir en el vuelo con Daniel Sada, Alberto Chimal, Mayra Inzunza y varias más.

Llegar al hotel, compartir la habitación con Moisés Zamora, escritor mexicano que vive en Los Ángeles.

Durante las comidas, conocer nuevos amigos y encontrarme con conocidos. Ver a Will Rodríguez, Rafa Saavedra, Socorro Venegas, Julián Herbert, entre otros.

La Feria, comprobar que es más de saldos y libros de ocasión.

Toparme con Joserra Ortiz, la auténtica razón que tengo para ir a la FIL de Monterrey. Pasear con él y su novia, Gaby.

Encontrarnos con Beatriz en los jardines del Tec. Secuestrarla por el resto del fin de semana. Comer todos en la ExpoTec.

Leerles a Beatriz, Gaby y Joserra mi cuento en el departamento de este último. Les gusta mucho. Beatriz se conmueve. Se trata de un inédito sobre un inmigrante zapoteco en Marte.

Ir por la noche de reventón nerd con Alberto Chimal, que tampoco bebe.

Ir a la Reforma, cantina de viejitos con Joserra, Gaby, Magali y Beatriz.

Tras de que se fueran las chicas, tomarme una cerveza con Joserra y Alberto en el Caracol, bar donde comienza Tiempo de alacranes.

Ir a comer un hocho del Barrio Antiguo para rematar la noche. Ser parados por la policía por exceso de velocidad.

Desayunar fruta entre un montón de colegas que acabaron crudísimos a las 7 de la mañana.

Toparme todo el tiempo con Eduardo Monteverde en la Sala de Prensa. Comprar su nuevo libro para regalárselo a Ira.

Mesas de lectura en el encuentro. Cada autor lee un texto. Algunos muy buenos.

Enrique Romo y Epigmenio León. ¿Porqué no hay más funcionarios culturales como ellos?

Leer mi cuento en el encuentro de narradores. Ver que aunque me extiendo demasiado, me piden que termine. Recibir felicitaciones.

Libros y libros y libros. ¿Se leerá tanto como se vende?

Comer en un Carl's Jr. con Joserra y Gaby. Convencerlos de que se quedaran un día más en Monterrey antes de irse a San Luis Potosí con la familia de aquel.

Cenar en el Mirador con los asistentes al encuentro. Me acompaña Beatriz, que se sienta con Chimal y yo en una esquina. Nos cuenta sobre su minuciosa cataduría de coca-colas.

Tomarme un café con Daniel Sada. Hablar de autores mexicanos. Recibir como consejos dos de sus actitudes: publicar siempre en editoriales comerciales (no marginarse) y no militar en ningún grupo.

Ir con Chimal, Beatriz y Lulú al Marco. Deslumbrarnos con la exposición de Marco Arce y con el autorretrato de Helnwein que se hiciera célebre por haberse usado como portada de un disco de los Scorpions.

Toparme con viejos y nuevos amigos por los pasillos de la FIL: Mario Bellatin, Rius, El Mastuerzo. Ser presentado con Germán Dehesa.

Mesa redonda con Andrés Acosta, Eduardo Monteverde y Taibo II sobre novela policiaca.

Firmar libros en el stand de Planeta junto con Andrés. La gente llegaba a preguntarnos precios o que si teníamos el de Cañitas. Yo opté por cotorrearlos.

"Oiga, ¿no tiene libros de Ajedrez?", pregunta un señor. "Mire, ya no hacemos porque no son buen negocio, tenemos unos sobre poker, pero vaya a Trillas y pregunte por el libro de Emilio Carrillo, es el mejor que se ha hecho en México sobre Ajedrez." Emilio Carrillo es el papá de Bachan (y deveras publicó ese libro).

Saludar a Armando Alanís, su esposa y su hijo. Él es poeta y presentó mi libro de cuentos la vez pasada que estuve aquí.

Cenar con la gente de Planeta y varios amigos. Entre otros, en la mesa estuvieron Andrés Acosta, Taibo, Rius y los moneros José Hernández y Patricio, a los que no conocía. Yo iba acompañado de Beatriz y Lulú, provocando envidias.

Ir con ellas al Caracol, de nuevo. Decirle a la mesera que escribí una novela que empieza en ese bar, sin que ella entendiera del todo de qué le hablaba.

Pasarnos los tres al Café Brasil, al lado del Caracol, a tomarnos unas malteadas con Sergio Flores, legendario monero regio, veterano del Mad de los 70 (empezó casi adolescente).

Sordidear los tres, como dice Ira, en el Arcoiris, antro gay al que van los heteros por igual. Édgar Reza, colega escritor, diría al día siguiente: "esta gente sí sabe cómo divertirse".

Comer pizza de madrugada en el Café Iguana's mientras hablamos de la imposibilidad del burlar al statu quo, a la máquina. Volver a mi hotel en taxi por la madrugada, para toparme con Moisés, mi room mate, en lobby de vuelta de su propio reventón.

Desayunar el domingo con mi adorado Will Rodríguez. Preparar maletas, ir con Will en taxi a comprar unas glorias al centro.

Ir a transcribir una página del Quijote como otras mil personas. Despedirme de Beatriz. Ir con Lulú al hotel para recoger mis cosas y esperar el transporte que me llevará al aeropuerto. Decir adiós y platicar durante el largo camino con Mario Bellatin. "El camino a este aeropuerto es eterno, nomás en Tokio es más largo", se queja Mario.

Toparme con Andrés Acosta y Will Rodríguez en el aeropuerto, junto con Vicente Quirarte a quien sólo conocía por amigos mutuos.

Tomar el avión de regreso y llegar hecho polvo.

Uf.

viernes, octubre 14, 2005

En Monterrey

Estoy en la Feria del Libro de Monterrey.

Ya he hablado en otras ocasiones de esta ciudad que es como esa clase de amigos que la primera vez que conoces te caen mal y poco a poco vas aprendiendo a querer.

Mis ritos regios de cada visita incluyen una obligada visita al Bar el Caracol, donde situè el inicìo de mi novela Tiempo de alacranes, en compañìa de mi adorado Joserramòn Ortiz, responsable de que me invitaran por primera vez a esta FIL, una visita al Marco y un refìn en el Rey del Cabrito.

El reporte, hasta ahora, es que el Caracol se ha afresado para mal. No he ido al Marco aùn. Y que Alberto Chimal es mi compañero de reventòn abstemio.

Hoy tuve una lectura dentro del encuentro de Jòvenes Narradores. Leì un cuento inèdito que aùn no publico y que tuvo buena recepciòn.

Mañana a las cuatro, estarè en una mesa redonda sobre novela negra con Paco Ignacio Taibo II, Eduardo Monteverde y Andrès Acosta.

Bueno, ya seguirè reportando, por lo pronto me voy a comer un cabrito.

martes, octubre 04, 2005



Mièrcoles 12 de octubre, 7 de la noche. No falten.
Algunas actividades

Muchas gracias a quienes asistieron a la inauguración de mi expo. Los demás, bueno, tienen hasta Halloween para ir. De cualquier manera, pronto habrá una versión digital en línea.

Por lo pronto, quiero aprovechar para invitarlos a varias actividades:

El sábado 8 de octubre Luis Felipe Hernández y Alberto Chimal, entrañables colegas narradores, harán una lectura de cuentos del trabajo realizado por Luis Felipe en Banff, Canadá. El asunto es a las 19:00 horas en el Cuore Café (mismo lugar donde están expuestos mis cuadros), en Álvaro Obregón 179, col. Roma.

El domingo 9 a las 18:00 horas, Andrés Acosta, Eduardo Monteverde y yo estaremos platicando sobre novela policiaca en la Feria del Libro del Zócalo de la Ciudad de México, en el foro 2 de la feria.

Y el miércoles 12 de octubre, lo anuncio con bombo y platillo, se presenta a las 19:00 horas mi novela, Tiempo de alacranes, en la Sala Manuel M. Ponce de (gulp) el Palacio de Bellas Artes, acompañado por Paco Ignacio Taibo II y Juan Hernández Luna.

El fin de semana siguiente estaré en la FIL de Monterrey, pero ya les daré más datos.

Un saludo.

martes, septiembre 27, 2005



Imágenes robadas

20 acrílicos de formato pequeño y medio.

Cuore Café
Álvaro Obregón 179
entre Tonalá y Monterrey
Col. Roma

Del 26 de septiembre al 30 de octubre.

Inauguración viernes 30 de septiembre, 20:00 horas.

domingo, septiembre 25, 2005

En Veracruz

Mañana lunes estaré en la FIL de Veracruz, dando una plática sobre mi novela "Tiempo de alacranes" en la Sala de Videocinferencias de la USBI, Juan Pablo II esq. Ruiz Cortínez, en Boca del Río, a las 19:00 horas.

Están todos invitados.

Imágenes robadas

A reserva de que envíe una invitación más formal, desde mañana lunes se puede visitar mi exposición Imágenes robadas en el Café Cuore, Álvaro Obregón 179, en la colonia Roma. Se trata de 20 cuadros 20, que estarán en exhibición hasta el 30 de octubre (mi mes favorito).

La inauguración será este próximo viernes a las 20:00 horas. Ya les daré más detalles porque ahora estoy haciendo maletas para Veracruz.

martes, septiembre 20, 2005

¡Veinte años!






...y una herida que no termina de cicatrizar.

jueves, septiembre 15, 2005

Bajo un cielo ajeno (5 y final)

París tiene también una cara muy jodida.

Lejos de los museos y los monumentos, de los bulevares y los palacios, hay un París de bares sórdidos y supermercados baratos, de interminables unidades habitacionales y cañerías pestilentes, de prostitutas inmigrantes y pandillas de adolescentes árabes sin futuro. Una ciudad hostil. Un lugar de mierda.

Buscaba el Museé Picasso por un barrio desierto, sin éxito. De pronto, un francés se me acercó con un mapa para preguntarme por una calle.

"Je ne parle pas le Française", le insistía en inglés y español. Cuando estuvo seguro de que era extranjero hizo una seña imperceptible que atrajo a dos sujetos de tipo árabe.

"Police", se identificaron, mostrándome una placas de juguete. Exigieron ver mi pasaporte.

Había oido de este tipo de estafas, más comunes en Europa del Este. Luego dirían que mi documento era ilegal o exigirían ver mis dólares para de inmediato decir que eran falsos o alguna trampa similar para turistas suecos o canadienses. No para un natural del De Efe.

Empecé a alegar con ellos. "Si no aparece una patrulla, no te muestro nada". Ellos insistían, se estaban irritando, incluido el del mapa.

Entonces entendí que me estaban atracando, que eran tres y que yo estaba en desventaja, perdido en un barrio extraño bajo un cielo ajeno.

"No te enseño nada" y me di vuelta para salir corriendo con mi torpeza endémica. Cuatro, cinco cuadras hasta llegar a una avenida. No me detuve hasta el metro. El sabor del miedo inundaba, amargo, mi paladar.

"Hijos de la chingada", mascullé en voz alta, sentado en las escaleras.

Sigo sin conocer el Museé Picasso.

miércoles, septiembre 14, 2005

Bajo un cielo ajeno (4)

La catástrofe acechaba apenas unos años en el futuro, pero aquella nochebuena Nueva Orleans se levantaba majestuosa frente al Mississipi.

Me apretujaba junto a Alfredo en el asiento trasero de la van. Nuestro guía, un señor nacido en Aguascalientes nos llevaba por aquellas calles con olor a vudú que habrían de tragarse las aguas.

"Hay dos razones para no vivir en Nueva Orleans", dijo el viejo, "se llaman julio y agosto." Imagino que hoy debe estar muerto.

"Ese de la derecha es el Café Le Monde... aquel es el City Hall y al fondo del muelle pueden ver el acuario", decía el hombre mientras su camioneta serpenteaba por el French Quarter.

"Ese es el legendario Jazz Preservation Hall, donde un grupo de músicos voluntarios mantienen la tradición del Ragtime y el jazz antiguo, no se lo deben perder." No lo hicimos, esa misma noche escuchamos a la banda de ancianos negros desgranar las notas de un blues primigenio en un escenario que parecía más un garage, sentados sobre bancas de madera.

"Más allá de esta calle es el barrio gay, no les recomiendo que vayan hacia allá, no hay nada qué ver más que banderas de arcoiris. Es peligroso."

Luego nos llevó ladeando el bayou. Casas gigantescas que lo mismo pudieron habitar la tía Polly que Anne Rice. Finalmente volvimos a nuestro hotel por la legendaria Bourbon Street, con aquella canción de Sting dedicada al vampiro Louise reverberando en mi cráneo.

Frente al 209, el hombre nos indicó que ese era el Galatoire's, el restaurante más exclusivo de Nueva Orleans, uno de los más caros de Norteamérica.

"No se le aceptan reservaciones a nadie. Ya pudiera usted ser el presidente de los Estados Unidos que se tendría que formar en esa fila, en este frío de perros."

Debe haber sido cierto, porque al pasar vi a Ray Bradbury esperando pacientemente una mesa.
Bajo un cielo ajeno (3)

"...Aquellas son tumbas romanas", dijo Said señalando unos agujeros perforados en el suelo del risco.

Abajo reventaban las olas del Mediterráneo. Al otro lado del mar, apenas a unas millas, Europa desdeñaba al África. Pero aquella tarde a Tánger parecía no importarle.

"Y esa", continuó diciendo nuestro guía improvisado, "es la casa de Gore Vidal; ahora vengan por acá".

Lo seguimos por calles polvorientas, sin pavimentar. La gente pasaba saludando a Said que bromeaba con ellos en árabe. Las mujeres, cubiertas de velos, parecían indiferentes a nosotros.

"Hace calor, ¿ah? ¿quieren una soda?" y sin que contestáramos nos metió en un zaguán.

Era una chabola miserable que me recordó una marisquería acapulqueña. Said nos sentó afuera, en una terraza alrededor de una mesa de lámina con el logo de coca-cola en árabe y ordenó unos refrescos.

Pepe y Deyanira pidieron coca-colas. Yo, un refresco local de naranja que se llamaba Hawaii. El mesero nos sirvió primero a los hombres. A ella al final.

La cabañita estaba llena de gente que fumaba kif. Said nos ofreció una vez, pero no insistió.

A lo lejos se escuchaba el llamado al rezo.

Ahí adentro nadie le hizo caso.

lunes, septiembre 12, 2005

Bajo un cielo ajeno (2)

"Cuando los locos deambulen por las calles, sabremos que el apocalipsis ha comenzado", me dijo el francés con su español gutural. Iba vestido de negro de pies a cabeza.

Afuera del camión, una lata oxidada con llantas, Sinaloa hervía.

Una lámina herrumbrosa se deslizó lentamente junto a la ventana. "El Rosario, 200 km", decía en letras que alguna vez fueron blancas sobre fondo verde.

Yo pensaba en ti, en lo lejos que puede estar Mazatlán de cualquier lado en el que yo me encuentre y en lo rojo de tu cabello.

"Y es que no hay imagen más desolada que una televisión encendida en el cuarto vacío de un motel a orillas de la carretera", dijo el francesito.

El camión se detuvo en las ruinas de una gasolinería. "Media hora para comer", ladró el chofer al tiempo que abría las puertas.

Todos los pasajeros bajamos con mansedumbre bovina. Algunos comieron en la fonda de la estación. Yo bebí la coca-cola más caliente de mi vida. Seguramente hasta los hielos estaban calientes en ese lugar.

Me paré en la esquina de la carretera y volteé hacia ambos lados, viendo perderse la línea de asfalto en ambas direcciones. Un camino tendido de la nada a la nada.

Pensé en subir de nuevo al camión, pero hacía más calor allá adentro.

Finalmente el chofer volvió a trepar, anunciando que nos íbamos. Al pasar junto a él pude oler los rastros de varias cervezas revoloteando alrededor de sus labios.

"¿No falta nadie?", preguntó el chofer sin la menor intención de esperar. Cerró la puerta y arrancó.

El francés no se volvió a subir.
Bajo un cielo ajeno (1)

Octubre se terminaba sobre Montreal. El invierno se anunciaba ya en el viento helado que hacía revolotear navajas alrededor de los rostros entristecidos de los canadienses. En una sociedad pluricultural como ésa era fácil distinguir a los locales de los fuereños: todos los canacas se visten de negro cuando llega el frío.

En el vagón del metro, como todos los vagones de metro en que he viajado, un silencio espeso envolvía la soledad compartida. Algun adolescente dejaba escapar un poco del ruido que le machacaban los tímpanos desde su discman. algunas personas leían paperbacks baratos de Harry Potter o Stephen King.

Llegué a mi estación, cerca del estadio olímpico. Iba al jardín botánico. Salí al andén envuelto en mi propia melancolía, la que segrega mi sistema mezclada con la de la ciudad. Mala combinación.

Junto a las escaleras eléctricas había un viejo tocando un saxofón. Un rostro sanguíneo surcado de arrugas que dibujaban un mapa de frustraciones. Soplaba algún jazz desganado. Nada que llamara la atención de este habitante del tercer mundo.

Hasta que, cuando iba a mitad de las escaleras eléctricas (¿por qué todo es subterráneo en Canadá?) comenzó a tocar Bésame mucho, de Consuelito Velázquez. Nunca la he escuchado en versión más triste.

Regresé de inmediato a donde estaba. Lo observé fascinado hasta que terminó de tocar.

--Esa canción es de mi país-- le dije mientras soltaba un par de dólares canadienses en el estuche de su instrumento (plata que por otro lado no me sobraba).

--Oh, yeah?-- contestó con desgano y un marcado acento eslavo.

--¡Pero además así se llama mi empresa!

--Oh, yeah?

--Yep-- y me di la vuelta para salir al Parque.

sábado, septiembre 10, 2005

Algo acaba de sanseacabarse

...y cuando salió por la puerta la última caja de tu mudanza, supe que todo se había terminado.

viernes, septiembre 02, 2005

How could God allow this tragedy to happen?



No existen las palabras. Los reportes nos dejan atónitos. No son escenas de una película de desastres, no es ninguna ficción post apocalítica. Esta es la realidad.

La ciudad, inundada. Pandillas armadas que pelean por comida y agua. Cadáveres flotando en las aguas. Miles de damnificados amotinados. Policías que renuncian ante el sinsentido de disparar contra los suyos. Millones de dólares en pérdidas y un presidente imbécil que sólo alcanza a apersonarse hasta el tercer día.

Nueva Orleans en mi recuerdo. Las calles del French Quarter bañadas por la bruma del misterio, las grandes casas a las orillas del bayou, la vibra de brujería en cada esquina, y una de las ciudades más pobres de Estados Unidos más allá del distrito turístico.

Las salchichas de cocodrilo, la comida cajun. El Jazz Preservation Hall donde un grupo de músicos voluntarios tocaban ragtime para los turistas. La ciudad de Anne Rice y Rob Zombie. La ciudad que recibió en el exilio a Benito Juárez.

Desaparecida. Como una Sodoma moderna. Ahogada bajo la furia acuática de Katrina.

¿Estará el planeta queriendo sacudirse de su peor plaga? ¿Habrá llegado el momento?

jueves, septiembre 01, 2005

El pasado 22 de agosto, Natasha, la hija del escritor Carlos Fuentes y la periodista Sylvia Lemus, apareció muerta debajo de un puente en la colonia Morelos, en pleno Barrio de Tepito.

No creo que exista dolor más grande que enterrar a un hijo. He visto dos casos cercanos, mi amiga Ixchel y mi primo Francisco. A ambos les he dedicado sendos libros míos.

Aún recuerdo cuando Francisco murió. No abundaré ahora en la historia, que aún me estremece. Lo que quiero consignar fue que en aquella, la noche más amarga de mi vida, mi papá y yo escuchamos al tío Gabriel llorar hasta el amanecer(y mientras lo escribo se me humedecen los ojos).

Bernardo, el ingeniero Fernández, el bloque de hielo más sólido que conozco, me dijo¨"Yo en su lugar, me volvería loco."

Hace 6 años murió Carlos, el otro hijo del matrimonio Fuentes Lemus, también en circunstancias trágicas (toda muerte prematura lo es).

Qué dolor. Qué maldición, sepultar a tus dos hijos.

No conozco a don Carlos ni a Sylvia. No conocí a ninguno de los chicos. Ni siquiera soy un gran lector de la obra del papá. Pero conozco el dolor humano, me ha pasado por los lados, ha rozado mis dedos, me ha dejado cicatrices.

Por ello me solidarizo en el dolor con ellos y con quienes han vivido este dolor inmenso. No hay consuelo ante una pérdida como ésta.

Que Natasha descanse en paz, donde quiera que esté.

PD: Desde aquí un beso a Josefina, Gabriel y Elena. Los quiero. Y a Malena.

miércoles, agosto 24, 2005

Úchale

El problema es que tenemos de vecino al mayor gigante industrial del planeta, cuya sociedad es una devoradora compulsiva de bienes de consumo. En Norteamérica, EEUU y Canadá, las cosas usadas son menos que basura.

Ello incluye los autos.

Con una economía basada en el crédito, a cualquier ciudadano productivo le es posible hacerse de gran cantidad de bienes y productos. El hecho de que se tenga que endeudar de por vida con un saldo impagable es un mero detalle.

Nuestra economía, por otro lado, está basada... mmm, ahora que lo veo, está basada en nada. Por ello la gente guarda su dinero debajo del colchón, donde por lo menos tiene la seguridad de que no se la va a robar el banco para luego volverle a robar para pagar el rescate bancario. Que venga una devaluación y su dinero se convierta en cenizas son detalles nimios.

Por ello, cuando alguien ha juntado un dinerito y quiere comprarse un auto, no busca, como hacen nuestros primos del norte, el modelo que más envidia provoque en sus vecinos, sino el más barato. Qué le hacemos, en el jodidaje funcionamos así.

Por eso, no es de extrañarse que haya un mercado natural de autos usados norteamericanos entre las clases populares mexicanas. Después de todo, ellos quieren deshacerse de ellos y nosotros, bueno, nosotros queremos coches.

No voy a abundar sobre la idea apocalíptica de que TODO mundo tenga auto. Es una pesadilla que me rebasa.

Lo que creo es que este planeta no tiene recursos naturales, ya no hablen de economía, como para que toda la humanidad consuma al ritmo de los gringos. Imaginen a los chinos o a los indios, por ejemplo, estrenando coche todos los años.

Pero no quiero irme a niveles tan cósmicos. El punto es que la tolerancia a los llamados autos chocolates y su legalización ha provocado un torbellino de reacciones sociales en nuestro país.

Que si debilita al sector automotriz establecido, que si la industria nacional, que si de devalúan los autos usados, que si esto, que si aquello.

Lo que me parece muy triste es que siendo el patio trasero de Norteamérica, siempre acabemos bailando con la más fea. ¿Acaso los canadienses se preocupan por comprar o no autos gringos de segunda mano? No, entre otras cosas, porque tienen una férrea economía, de las pocas con crecimiento, y no necesitan consumir la basura de sus vecinos (tampoco creo que se vendan pacas de ropa usada "americana" en Toronto o Vancouver).

Si la economía mexicana hubiera sido fuerte desde un inicio, habría fuentes de trabajo para todo mundo. Habiendo trabajo existe la posibilidad de tener remuneración justa por el trabajo y por lo tanto, conseguir satisfactores. Entonces se puede cimentar la economía en el crédito ya que el ciudadano tiene la certeza de poder pagarlo en la medida que haya trabajo que le permita pagar los réditos (que pase el resto de su vida trabajando para la tarjeta de crédito es otra cosa) y todos son felices.

¿Quién sabe? A lo mejor hasta podria haber una auténtica industria automotriz mexicana, como sucede en Europa, que compitiera con los autos gringos. Quizá la gente preferiría comprar, como decía Abel Quezada, un Pérez o un Sánchez a un Ford o un Chevrolet. Bueno, no, se tendrían que llamar Accelerator Turbo 2300 o Hot Roamer, porque ya ven cómo somos de malinchistas.

Pero no es así. Importamos los autos y maquilamos algunos. Dependemos de capitales y tecnología extranjera. Nuestros empresarios y banqueros, políticos y líderes sindicales se han dedicado a saquear a este pueblo de ladrones que a su vez, cada que puede, le roba al que se descuida.

¿El resultado? Una industria nacional raquítica y empobrecida que tiembla cada que se libera algún arancel del TLC, o de plano desaparece como la electrónica nacional.

Y por eso, la gente que quiere comprarse un carrito, apenas tiene un dinero ahorrado, ante la imposibilidad de ser objeto de crédito, tiene que...

Hey, un momento, ¿no estamos caminando en círculos?

jueves, agosto 18, 2005

Cecilia Pego On Line



Propios y extraños saben que Cecilia Pego no sólo es una de las mejores moneras de este país. Además de ello es una talentosa pintora que ha conjuntado su vocación de caricaturista con los pinceles y el óleo.

Ahora Ceci ha empezado un blog en el que promete deleitar a sus fans (entre los que me cuento) con sus inquietantes imágenes. Entre 70 millones de blogs que hay en el mundo, creo que es uno que vale la pena visitar.

Tarot

Érika Mergruen no sólo es una mujer inteligente. Es una buena escritora. Escribe poesía y narrativa, además de tener un blog que siempre me divierte.

Pero sumado a lo anterior, Érika es experta en Tarot y ahora, en colaboración con los compas de Fatal Espejo y el centro cultural Casa Tomada (qué gran nombre), da un curso de introducción al Tarot de Marsella.

Se trata de conocer este sistema de conocimiento, saber de sus orígenes e historia y "recuperar el justo valor de esta tradición más allá de la adivinación y la superstición", yendo carta por carta y profundizando en la manera de leerlas e interpretarlas.

Son 12 sesiones de dos horas cada una, todos los sábados desde el 20 de agosto (es decir, pasado mañana). El costo es de $1,200.00 o tres pagos de $500.00. El lugar es en el Centro Cultural Casa Tomada (Callejón de Romita #8, colonia Roma, a dos cuadras del metro Cuauhtémoc)

Interesados (estoy seguro de que no se van a arrepentir) pueden llamar al 56 15 8349 o escribir a contacto@fatalespejo.com.mx y osiazul@yahoo.com.mx.

Saber contra creer

Fui educado en el método científico. En un ambiente familiar donde no había cabida para adivinaciones, magia o ritos. Con trabajos entraba la religión.

Se me inculcó la importancia de saber las cosas por su causa verdadera en lugar de creer en explicaciones mágicas. Se me alejó de cualquier tipo de augurio ritual. En mi casa jamás se ha aparecido un fantasma. Nunca hemos visto un ovni.

Por ello, hablar del Tarot me causa un poco de extrañeza. Sin embargo, pese a esa formación, a estar convencido de que existe una razón lógica para todas las cosas que suceden y que hay una serie de reglas que rigen el universo, estoy convencido de que hay lugares, momentos y circunstancias muy especiales en los que estas reglas se anulas y la piedras caen hacia arriba (por decir lo menos).

Estoy seguro de que la ciencia y la magia son sistemas simbólicos que el hombre ha creado para explicarse el universo. Pero prefiero quedarme del lado de la segunda ley de la termodinámica que del karma.

Pero haber meigas, haylas.

Hace poco fui sorprendido con una lectura de cartas acertadísima. Me he leido las cartas dos veces en mi vida (sé que es una revelación que sorprenderá a mi familia, que mi lector favorito --escéptico irredento--se va a burlar de mí hasta la ignominia). El hacerlo, en ambas ocasiones, fue como una travesura gorda, un ir contra mi educación, algo así como fumar marihuana.

Pero me sorprendí, y mucho.

¿Sincronicidad? ¿Poderes ocultos? Mmm. Creo que prefiero no averiguar. Ni volverme a leer el Tarot.

Pero los interesados, no dejen de ir al curso con la Mergruen. A lo menor también a ustedes los sorprenden...

miércoles, agosto 10, 2005

25 razones para no ver la televisión (mexicana)

1) No tengo, carezco de aparato receptor. Ello me ha convertido en un freak digno de lástima. Los ojos se agrandan con incredulidad cuando digo que no tengo televisión ("¿Deveras? Pobrecito").

2) Los comerciales (¿necesito decir más?).

3) La televisión, dice Sartori, traslada la naturaleza de la comunicación de la palabra hacia la imagen con consecuencias gravísimas: una cultura audiovisual es incapaz de generar pensamientos abstractos. Una multitud de receptores masivos de estímulos audiovisuales es una multitud de seres fácilmente manipulables.

4) Con la cantidad de energía que consumen los televisores del D.F. en una sola noche se podría iluminar una ciudad pequeña durante una semana. Tlaxcala, por ejemplo.

5) Pareciera que cada país tiene la tele que se merece. Al tigre Azcárraga se le atribuye el haber dicho que él simplemente producía "entretenimiento para jodidos".

6) El mismo Azcárraga, sellando las bodas del cielo y el infierno entre T.V. y dictablanda priísta, se autoproclamó "un soldado del PRI".

7) Sólo hay algo peor que Televisa: T.V. Azteca.

8) Y sólo una cosa es peor que T.V. Azteca: las revistas dedicadas a los chismes de actores y cantantes que aparecen en la caja idiota. Hojear un Tele-Guía, Tvnotas o Teve y Novelas ofrece el más desolador panorama de la cultura mexicana.

9) Contratar televisión por cable es como invitar a la casa a un vampiro a beber de tu venas. O por lo menos como tenderle el brazo a una sanguijuela.

10) No hay amante del cine que no esté de acuerdo conmigo: no hay peor insulto a una buena película que verla en la tele (y doblada, peor)

11) En Estados Unidos los niños en edad prescolar ven en promedio tres horas diarias de televisión. Los chicos ente seis y doce años median cinco horas. Se calcula que para cuando tienen 10 años han visto unos cinco mil asesinatos en la pantalla.

12) Una persona que ve cinco horas de televisión al día pasa anualmente 1825 horas sentado o acostado frente a su monitor. Ello equivale a 76 días con sus noches, es decir, dos meses y medio. Poco más de una quinta parte del año mamando de la teta de vidrio.

13) Un ejemplo literario recogido al azar sobre el arraigo de la TV en norteamérica: en su cuento Pi in the Sky (Pi en el cielo), el escritor Rudy Rucker sitúa a sus protagonistas, una pareja de recién casados visitando al hermano de ella, que trabaja de buzo en una isla del Caribe. Escribe Rucker: Andrew (el hermano) se lanzó a contar una serie de historias conexas sobre los tipos raros a los que había guiado en las profundidades. Julie, su esposa, acotaba los detalles. Una vez que empezaban, Andrew y Julie podían hablar toda la noche. Aún no había señal decente de TV en la isla, y la gente acostumbraba a pasar las tardes envueltos en interminables pláticas (...) Como si lo raro ¡fuera platicar!

14) Jean Baudrillard en su libro América dice que no hay imagen más desolada que una televisión encendida una habitación vacía.

15) En una entrevista radiofónica, Alejandro Jodorowsky dijo que sólo la Televisa de Azcárraga le había hecho más daño a México que el PRI. Del mismo modo, dudo que nadie le haya hecho más daño individual al castellano que Chespirito.

16) La telera nacional ejerce una especie de efecto del Rey Midas pero al revés: todo lo que toca se convierte en miasmas. El ejemplo que me viene a la mente es el lamentable paso del maestro Juan José Arreola, sin duda el mayor cuentista de las letras mexicanas de la segunda mitad del siglo XX, reducido a un payaso amariconado en sus tristes intervenciones en la TV nacional (¿alguien lo recuerda en duelo dialéctico con Thalía?).

17) ¿Y qué tal las insoportables series culturales de Octavio Paz?

18) La TV podría ser una universidad casera instalada permanentemente en las salas de los hogares mexicanos. Desde luego, nadie la vería.

19) La frivolización de los contenidos me repugna. Como la excesiva cobertura que tuvo el caso de Gloria Trevi (quien se atrevió a decir que ella también era una muerta de Juárez).

20) Hasta un par de años comía en una fonda donde invariablemente había cuatro televisores, uno en cada esquina, sintonizados en algo llamado VidaTV, donde un grupo de concursantes que parecían haber sido escogidos por su deformidad iban a contar chistes para ser juzgados por unos conductores aún más deformes. Ese programa solito es suficiente razón para no volver a encender la televisión nunca más.

21) No hay nada más triste que escuchar a alguien decir la frase de moda de la televisión suponiéndose chistoso. Algunos ejemplos del pasado: "Es que no me tienes paciencia", "No hay, no hay", "Lástima, Margarito", "Ya ganó, ya ganó", "Pregúntame" y un largo --y triste-- etcétera. Las modernas, afortunadamente, no las conozco.

22) Paty Chapoy. ¿Necesito decir más?

23) Cito a Naief Yehya: El bombardeo informativo tiene como función el no informar nada. Sigan viendo CNN (por no hablar de Hechos y el noticiero de López Dóriga).

24) Dos palabras: cáncer ocular.

25) Y como dijo el abuelo de Los muchachos perdidos cuando le preguntan porqué está suscrito al Tele-Guía si no tiene receptor: "Leo el Tele-Guía todas las semanas para ver qué hay en la tele. Es la mejor razón para no tener televisión."
Dos anuncios Dos

Quienes hayan tenido un ser querido en el hospital comprenderán la presión que se siente cuando se requieren donadores de sangre. Hoy le ha tocado al señor José Luis López León estar en tales aprietos. Requiere de sangre tipo A negativo (A-). Está en la cama 5315 del Hospital siglo XXI (cerca del metro Zapata). Su registro es el 5316. Si alguien allá afuera puede ayudar (yo no puedo ser donador debido a que tuve hepatitis de niño) pueden comunicarse al 5822 7198 con Patricia Pérez o al 5224 7035 ó 36 con Grissel Castro.

No conozco a José Luis, pero sí la angustia de estar enfermo. Ojalá se recupere pronto.

Por otro lado, en un tono más alegre, mi amigo Héctor Berrones ha abierto una escuela de tango nada menos que en Montreal (¿les he dicho que Canadá es mi país favorito?).

La escuela tiene el bonito nombre de Tangozosa y la dirección es 1559 street St-André esquina con Maisonneuve, cerca del metro Berri-Uqam (salida Place Dupuis). ¡Que viva la milonga!

martes, agosto 09, 2005

De vuelta a la escuela

No es que haya vuelto a las aulas como Rodney Dangerfield en aquella comedia menor de los 80. Aún no. Sucede que el semestre ha iniciado en la Ibero y con él, mis clases de Ilustración.

Como una novedad, el departamento de diseño me ha asignado también la materia de ilustración II, lo que me permitirá dar cierta continuidad al primer curso.

Cuando estudiaba, esas clases las daba un individuo, que por cierto era insoportable, que jamás en su vida había publicado ilustración alguna en ningún medio (!). Por si fuera poco, se dedicaba a coquetearle a mis compañeritas (una de ellas de hecho anduvo con él, ¡Yuck!). Yo no llevé la clase de aerógrafo con él, pero cuentan que una de las entregas era ¡Decorar un pastel!

En fin, las cosas, creo, han mejorado un poco. Por lo menos soy un ilustrador en activo.

Es mi tercer semestre dando clases y no acabo de asumirme del todo como un profe. Fui un pésimo alumno durante la carrera, la clase de persona a quien una vez un maestro dijo que no pertenecía a ese tipo de escuela. (Ese mismo sujeto se hizo director del departamento de diseño y alguna vez juró que yo jamás me titularía).

Como todos los inicios de semestre, me disculpo por ser malo para memorizar los nombres y les pido paciencia. Después les leo la cartilla. Paradójicamente soy un profesor muy exigente. No acepto trabajos retrasados, no permito que entren pasados quince minutos de la hora de inicio, no pueden tener encendidos teléfonos celulares ni laptops y menos que nada, comer papitas y beber cafés o refrescos en el salón.

No deja de ser un poco extraño para mí, que fui tan indisciplinado y --aunque ahora la palabra suene a frivolidad-- rebelde.

Por lo pronto, a los de ilustración uno les dejé la primera lectura (qué caras ponen mis alumnos ante el verbo "leer", es como ajo para vampiros). Tienen que seleccionar una de las fábulas de Augusto Monterroso e ilustrarla.

No se me olvida el primer semestre que di clase, cuando les dejé que leyeran el cuento de El dinosaurio, Casi como chiste, una alumnita me preguntó que si era necesario hacer un resumen. Por supuesto, con mi cara más seria le dije que sí.

Lo de ilustración dos comenzaron con la creación de un personaje corporativo, una mascota para un cereal del que sólo existe el nombre: Sinflox.

El origen de esa palabra se remite a cuando mi abuelo estudiaba agronomía en Chapingo, en los años 30. Contaba que a la hora del desayuno, uno de sus compañeros, literalmente recién bajado de alguna sierra, pidió solemnemente que por favor le pasaran el Sinflox, refiriéndose a los Corn Flakes. El hombre cargó con ese apodo durante los siguientes 50 años. Setenta años después por fin existirá el cereal.

Me sorprendió ver muchas caras conocidas de semestres pasados entre mis alumnos de este curso. Todas ellas mujeres, ningún hombre repitió. Entre ellas, una chica muy talentosa a la que era un gusto darle clase. Y también la que más dolores de cabeza me ha dado. Sorpresas te da la vida.

Como todos los semestres, al iniciar el curso ofrecí que el que no quisiera trabajar podía irse y en ese momento le ponía 10 final para que me dejen trabajar con los demás.

Nunca nadie ha aceptado.

sábado, agosto 06, 2005

Una cicatriz humeante que no acaba de cerrar



Astroblue
Acrílico sobre lienzo
50 x 70 cm
Pintado en conmemoración del
LX aniversario de Hiroshima.

Nunca más.

jueves, agosto 04, 2005



El horror, el horror... y más allá

Muchas gracias a todos los que asistieron a la plática en la Bodeguita del medio el pasado martes (y aguantaron el pésimo sonido, ¿qué insistencia de hacer presentaciones de libros en lugares con mala acústica?).

Lo importante para mí esa noche fue conocer a César Güemes (saludos), autoridad en literatura policiaca y a Eduardo Monteverde, y comprar su libro Lo peor del horror.

Fue mi amigo Juan Hernández Luna quien me habló por primera vez de este libro, de sus espeluznantes descripciones de nota roja. Me habló de una en especial, una crónica sobre un hospital psiquiátrico para niños que le había golpeado más que las otras.

A ver al maestro Monteverde no te queda duda, este hombre es un escritor. Con un rostro que se adivina endurecido a fuerza de haber visto más de lo que hubiera deseado, una voz grave, casi cavernosa, acaso cascada por los cigarrillos cubanos que fuma.

Médico patólogo de profesión, en algún momento se hizo marino para internarse en la mar, sólo para volver a las ciudades, en concreto a la de México para sentarse a aporrear un teclado.

Su prosa y hablar tienen la agudeza de un bisturí. Preciso, incisivo, sin contemplamientos. Eduardo deja caer el corte en el lugar correcto, sin dejar mancha. Por ello no me sorprende que una de las crónicas que dejó fuera de este compendio de horrores sea el caso de un médico que tras asesinar a su vecino, es incapaz de descuartizar el cadáver y pide ayuda a un carnicero del barrio, sólo para ser aprehendido. Remata la anécdota con un comentario fulminante: "Es indigno en un médico, por eso no lo publiqué, por pudor".

Cuarentaitrés historias sacadas de su labor de cronista de nota roja. Un auténtico gourmet, éste sí real, de la sangre impresa. He devorado casi 200 de las 360 páginas en dos noches, sorprendido ante mi morbo y la capacidad inagotable de la realidad para eludirse a sí misma. De la manera en que el sueño de la razón produce monstruos.

Monteverde no toma partido. Como buen científico, expone los hechos, las evidencias. Por sus páginas desfilan lo mismo un adolescente trastornado a fuerza de inhalar solventes que se siente hijo de Jim Morrison que una bella asesina oligarca, un payaso de circo violador de niños de la calle que un grupo de documentalistas austríacos metidos en la Merced que no alcanzan a comprender las gigantescas contradicciones de la grandeza mexicana.

El autor se anduvo metiendo lo mismo en las jaulas del zoológico de Chapultepec que los visitantes no pueden ver, llenas de animales mutilados y enfermos, que a la cárcel de Tijuana en día de visita que a la paupérrima zona Tarahumara de Chihuahua que al lago Endhó, en el estado de Hidalgo, apocalíptico destino final de todas las aguas negras de la ciudad de México. Todas.

No puedo evitar acordarme de mi amigo el Carcass, quien ha llenado su blog de links tenebrosos, extraños. Junto a lo descrito por Monteverde parecen artificios frívolos. Al lado de esta realidad desarticulada, se desdibujan como niños de familia disfrazados de fantasmas para la noche de Halloween. Junto a esta realidad Clive Barker, Elmore Leonard, Richard Laymon y el pañalón de Lovecraft se quedan tarugos. Cualquier escritor.

Esta es una lectura estrujante, que indigna, porque Eduardo Monteverde no descendió a los infiernos, como escribe Paco Ignacio Taibo II en la introducción, para narrar estos horrores. Sólo salió a la esquina y abrió los ojos ante nuestros propios horrores.

Aquellos cuyos rostros se pueden atisbar devolviéndonos la mirada desde el fondo del espejo.

viernes, julio 29, 2005

dos comerciales dos

Hoy, viernes 29 de julio estaré en el programa de Ángel Dehesa, en el 102.5 de la FM a las 10:30 de la noche y hasta las 12.

Además, el próximo 2 de agosto, martes, Eduardo Monteverde, Andrés Acosta y yo tendremos una plática sobre género negro en la Bodeguita del Medio (Cozumel 37, col. Roma) a las 19:00 horas. La entrada es libre y están todos invitados.

sábado, julio 23, 2005

Otro comercial de Bef, el vendido: este domingo, en el Reforma...

En un gesto editorial inusitado, el periódico Reforma invitó a un grupo de moneros (que incluye a Jimena Padilla, Pachiclón y yo) a un especial sobre historieta para su suplemento cultural El Angel.

En un experimento que me parece interesante, en lugar de artículos habrá cómics.

En mi caso, junto con Pepe Rojo hicimos un cómic sobre la historieta nacional, sus autores, su situación. Era imposible cubrir exhaustivamente todo lo que queríamos en apenas plana y media de periódico, pero estamos contentos con lo que hicimos.

Los invito a leerlo. Ojalá les guste.

viernes, julio 22, 2005

Queremos tanto a Alan (2)

Atención: cuando lo acabé de escribir, me di cuenta de que este era un post MUY clavado en el mundo de los cómics. Vaya este aviso a modo de advertencia...

Generoso como siempre, mi amigo Pepe Rojo me prestó el libro Alan Moore: Portrait Of An Extraordinary Gentleman.

Tan peculiar volumen es la compilación de una serie de textos e ilustraciones hechos por gran número de moneros --básicamente europeos-- en homenaje a Moore, con motivo de su cumpleaños 50, publicado en el 2003.

Destacan entre los textos una biografía en forma de cómic del famoso guionista --en donde me enteré de montón de detalles extraños de su vida-- y una carta abierta, escrita por el dibujante Steve Bissette. El resto del libro es casi prescindible (puras loas a lo grandioso que es Alan, pero vamos, de tanto decirlo da flojera).

Como sea, es precisamente la carta de Bissette la que me ocupa ahora. Quienes estén familiarizados con el mundillo del cómic lo ubicarán como uno de los grandes dibujantes de cómics de horror de los 80, quien al lado de su amigo John Tottleben ilustraron los casi 60 números que escribió Alan Moore para la serie Swamp THing de la DC cómics.

Fue precisamente Swamp Thing o La Cosa del pantano el título que originó en los ochenta el subsello Vertigo de cómics para adultos. Como escribí en el post anterior, fueron Moore, Bissette y Tottleben los creadores de John Constantine, el Hellblazer, personaje llevado recientemente a la pantalla e interpretado por Keanu Reeves.

Pero me estoy desviando.

Como decía, casi todas los textos e imágenes del libro nos hablan de lo grandioso que es Alan, lo creativo que es y lo importante que ha sido su obra en el mundo de los cómics. El único que difiere, la voz disonante en este coro que canta Happy Birthday es Bissette.

El dibujante escribe lo que me parece una conmovedora carta de amor entre colaboradores. Quienes hayan tenido un socio creativa, al estilo de Goscinny y Uderzo, Oesterheld y Breccia, Muñoz y Sampayo o similares entenderán a qué me refiero. Se desarrolla una suerte de relación de pareja intensa pero asexual.

Por ello, el texto de Bissette es, como bien me decía Pepe, una carta de amor a Alan, a quien Steve no ha visto desde hace años, cuando tuvieron su ruptura.

Los hechos:

Bissette y sus amigos John Tottleben y Rick Veitch fueron parte de la primera generación de la escuela de moneros del legendario Joe Kubert, graduados en 1978.

Eran en aquel tiempo jóvenes impetuosos, tan amantes de los cómics como de la contracultura. Stephen Bissette señala como gran influencia el trabajo de los artistas underground de los 60. Con ellos compartía la fascinación morbosa por los EC Comics. famosas historietas de horror que incluían títulos como Tales from the Crypt, editados por William Gaines en los 50 (también editor de MAD).

Desde luego, estos camaradas querían hacer algo diferente con su trabajo, no se sentían contentos con la sosa escena de cómics de superhéroes de la época. Por ello, eran cazadores de material europeo. Así es como dieron con la revista inglesa Warrior, donde Alan Moore publicaba por episodios laas series de Miracleman y V for Vendetta, ambas piezas fundamentales de la revolución de la historieta en los 80.

"Wow", pensaban este par de gringuitos, "imagínate trabajar con este cuate."

Ambos habían pedido chamba en DC Comics, concretamente para hacer Swamp Thing, personaje de historias de terror que habían creado Lein Wein y Berni Wrightson a inicios de los 70. No sólo se las dieron (no sin batallar un poco) sino que además al poco tiempo el editor les iunformó que el nuevo guionista de la serie sería precisamente Alan.

Alguna vez Stephen King dijo que el Dark Knight de Fran Miller es la pieza más fina de arte cómic jamás disponible para las grandes masa. Yo me permito diferir del maestro: estoy convencido de que ese honor le corresponde a los cómics mensuales de Swamp Thing hechos por este equipo, vendidos a 75 centavos de dólar durante mediados de los 80.

Siempre he sentido que el horror es el patito feo de los subgéneros, por la dificultad de renovarse. Sin embargo, la labor de estos sujetos inyectó, hum, sangre fresca al género, sobre todo en un medio tan reacio a los cambios como el cómic. Mes a mes, Swamp Thing se enfrentaba a situaciones tan extrañas como inquietantes, en los que habría de convertirse en un tour de force a los más profundos miedos de la Norteamérica de los 80. Nada mal para un inglés que jamás había pisado Estados Unidos.

Afortundamante todas esas historias, publicadas originalmente en papel corriente ("papier merdique". lo llamó Moebius) están recopiladas en 6 tomos editados por Vertigo.

Bissette recuerda esta época con la nostalgia con que se ve el esplendor: "Era el principio de algo sin precendentes para nosotros y, como resultó ser, para los cómics como una comunidad. un medio y una industria", escribe el dibujante.

Ellos terminarían su etapa en Swamp Thing y se moverían a otros proyectos.

Sería larguísimo y estéril intentar resumir el texto de Bissette. Baste resaltar dos cosas. Dice que el gran talento de Alan Moore es el poder interactuar creativamente con su dibujante en turno, involucrándose en su estilo narrativo e intereses creativos, de ahí el éxito de piezas como Watchmen y From Hell. Incluso cuando trabajó con Jim Lee para escribir unos guiones de Wildcats.

Desgraciadamente las cosas no estaban destinadas a salir muy bien. Bissette fundó una editorial, Spiderbaby Graphix, que habría de publicar una antología de terror llamada Taboo, que incluía entre otras las series From Hell en su primera edición y Lost Girls, ambas escritas por Moore. La antología fue un éxito entre los críticos especializados (si es que tal cosa existe en los cómics) pero un fracaso de ventas.

"Mi relación con Alan se fue detriorando en la medida que era más de negocios que creativa", recuerda Bissette con tristeza. Taboo terminó naufragando. En un intento por salvar a la editorial, Bissette planeaba publicar el guión entero de Alan (aún no se había terminado de dibujar la serie) en coedición con otra editorial. Desgraciadamente Alan y Eddie Campbell, el dibujante, ya habían vendido los derechos de la película. Las cosas se pusieron tensas. Hubio abogados de por medio.

Lo anterior aunado al hecho de que Alan, tras colaborar con Jim Lee inició una serie llamada 1963, en la que hacía una recreación nostálgica de los superhéroes de la Marvel de aquella época. A ella invitó al propio Bissette, Rick Veitch y John Tottleben. Era una chamba bien pagada y todos estaban muy contentos... hasta que Alan la suspendió sin mayor explicación.

La relación comenzó a desmoronarse.

La gota que derramó el vaso fue una entrevista dada por Bissette al Comics Journal, revista especializada en el medio, una de las más serias, en la que daba su versión tanto del incidente con el libro de los guiones de From Hell como de 1963. Habiendo tanta gente implicada, Bissette pidió al editor mandar la entrevista a sus amigos mencionados, entre otros Alan Moore, para que la revisaran.

No recibió ni una palabra de Alan, pero al poco tiempo, Neil Gaiman le llamó. Acababa de regresar de Inglaterra donde había visto a Moore, que estaba furioso por la entrevista.

Bissette le llamó, sólo para recibir una frase cortante como navaja: "Bien, Steve, seré breve. No me vuelvas a llamar, no me vuelvas a escribir. En lo que a mí concierne, se acabó. Adiós." Y colgó. Sin derecho de réplica.

Al poco tiempo, Steve Bissette se divorció. Poco después se retiró de los cómics.

Ahora sólo se aproxima al trabajo de Alan Moore como lector. El maldito inglés jamás le volvió a dirigir la palabra.

Debo confesarlo, el texto de Bissette me conmovió profundamente, no sólo por la crónica de lo que considero una de las mejores colaboraciones que ha habido en los cómics gringos, sino por la honestidad con la que habla de su relación con Moore, relación de amor-odio que con toda objetividad desnuda a Alan para bajarlo del pedestal en que lo colocan todos los demás colaboradores del libro.

En fin. Perdonen la clavadez, pero quería sacar esto de mi sistema.

Un poco (prometo ser más breve) sobre Alan Moore en un post futuro.

lunes, julio 18, 2005

Anuncio

Ahora sí, mañana martes 19 estaré en el programa Antisocial de Rulo David, a eso de las 10 de la mañana en el 105.7 fm, y después de las 11:30 en el 1560 de am en Monitor, con Rocío Méndez.

Más sobre Alan Moore, después.

Saludos

jueves, julio 14, 2005



Queremos tanto a Alan (1)

El hombre de barba es Alan Moore, sin duda el más importante escritor de cómics de todos los tiempos, inspirador de la horneada de artistas ingleses que tomaron por asalto el mundillo de la historieta gringa entre los 80 y los noventa (grupo que incluye a Dave McKean, Neil Gaiman, Grant Morrison, Jamie Delano, Peter Milligan, etc.)

Alan Moore fue el creador, junto con Steve Bissette y Jonh Totleben de Jonh Constantine, personaje recientemente interpretado en la pantalla por Keanu Reeves (aunque de hecho estaba totalmente basado en la imagen de Sting).

Alan Moore es el escritor, entre otras, de novelas gráficas como A Small Killing, V For Vendetta, From Hell, las series Miracleman, The League of Extraordinary Gentlemen, Lost Girls, Big Numbers y muy especialmente Watchmen, monumental historia narrada en cómic sobre un universo alternativo en el que sí existieron los superhéroes y que redefinió el género de la malla y la capa hace veinte años.

Watchmen no sólo ganó el premio Hugo. Fue también el cómic de casi 300 páginas que cuando tenía 17 años y leí casi de corrido, que me hizo decidir ser escritor.

Pero aunque hoy quería hablar de Alan Moore, me encontré con esta foto, una auténtica rareza tomada durante los 80 en en la Comicon de San Diego, en la que este inglés aparece junto a (de pie, por favor, damas y caballeros) Jack Kirby.

¡Hey! ¿Por qué no oigo aplausos?

Ah, claro, se me olvidaba, a nadie le importan los cómics.

OK, sólo diré dos cosas:

1) Jack Kirby es considerado el mejor dibujante de cómics gringo de todos los tiempos y...

2) Jack Kirby inventó a los 4 fantásticos.

Sólo por eso, merece la inmortalidad.

Pero los 4F es tan sólo una de las muchísimas series que dibujó.

Activo desde tiempos de la segunda guerra mundial hasta finales de los 80, su carrera sólo se puede comparar con la del recientemente fallecido Will Eisner, creador del Spirit.

Estos caballeros prácticamente inventaron el medio como lo conocemos hoy en día.

(Y no se dejen engañar, Stan Lee escribía las escaletas de los guiones, Kirby dibujaba y narraba gráficamente la historia para que Lee pusiera los diálogos. A veces ni siquiera hacía eso, sólo le mandaba una frase, como cuando Kirby inventó a Galactus y al Silver Surfer a partir de una frase enviada por Lee: "Make them fight God." La neta, Stan Lee siempre fue más empresario que creador y estuvo del lado de la empresa aún por encima de los derechos de autor de sus compañeros. En fin...).

Así que antes de hablar de Alan Moore (lo haré en el siguiente post), aquí va esta historia, que no sé si ya conté aquí alguna vez, pero hoy quiero compatirla con ustedes:

Jack Kirby y yo

1990. Los 80 acababan de terminar pero no se iban aún. Había caído el muro de Berlín pero el Grunge apenas era un balbuceo subterráneo en Seattle. Todavía era presidente Carlos Salinas de Gortari y en la Casa Blanca despachaba Bush. La guerra del golfo, la primera, apenas se vislumbraba en el futuro y nadie sabía sobre Osama Bin Laden.

San Diego, California, la ciudad perfecta, Buen clima, mujeres hermosas, el mar, Tijuana a un lado, un gran circuito de antros alternativos y yo, metido en una convención de cómics.

A los 18 años, recién salido de la prepa y a unas semanas de entrar a la universidad, hice mi primer viaje al extranjero solo. A una convención de cómics.

Ahora no es tan mal visto, pero en aquel tiempo leer historietas se considera evidencia de retraso mental.

Pero aquí estaba yo, acompañado de otros amigos freaks. Todos queríamos ser moneros. Todos ellos se diluyeron en otras cosas. De toda esa gente sólo quedamos dos o tres. Tres: Pepe Rojo, Bachan y yo.

Aquí, reunidos en un centro de convenciones gigantesco, todos los años esta feria-expo-cónclave reúne editoriales, tiendas de cómics, fabricantes de juguetes y videojuegos, productores de cine y creadores de historietas.

Mis héroes, a quienes había conocido por su trabajo impreso, estaban todos (o casi todos) reunidos ahí. En vivo. Frente a mí.

No había salido aún del estupor de conocer a Sergio Aragonés cuando caminando por los cientos de puestos de la convención, me topé con Jack Kirby.

Para entonces, el hombre era una leyenda en el mundillo del cómic. Sin embargo, la fanaticada estaba fascinada con Frank Miller y otros moneros jóvenes, gente de moda.

Nadie pelaba a Kirby.

Era, como puede verse en la foto, un anciano de aspecto tranquilo. De voz suave, cascada de tanto fumar puros.

La escena era casi onírica: Kirby hablaba y hablaba como un profeta bíblico. Hablaba de la guerra (recuerden, Bush estaba a punto de patear el trasero de Saddam).

Decía que la guerra era lo peor de la humanidad. Que él era veterano de dos guerras, la segunda mundial y la de Corea, y que era lo pero que podía haber en la Tierra. Que había que luchar por la paz.

La gente llegaba con él, hacían como que lo escuchaban sólo para ponerse junto al maestro y tomarse una foto. Luego se iban, dejándolo con la palabra en la boca. Vi a varios hacer eso.

Yo, lo escuchaba embelesado. Como hipnotizado.

Cuando pude salir del trance, me acerqué y le dije, casi balbueando:

"Señor Kirby..."

"¿Sí?"

"Yo... sólo quiero darle las gracias por haber dibujado todas esas historias de los Cuatro Fantásticos. Realmente hicieron de mi niñez un mejor lugar."

El anciano se me quedó viendo, con aquellos ojos que tanto me recordaban a los de Yoda, enmarcados por dos cejas espesas, negrísimas. Guardó silencio un instante para responder:

"No, gracias a ti, hijo, por leerlas."














Wow.















Por supuesto, salí flotando.

Desde entonces tengo a Jack Kirby en un altar.

Murió cuatro años después, aquejado de una artritis que ya no le permitía dibujar.

Derramé una lágrima cuando supe de su muerte. Le llamaban el Rey de los cómics.

Larga vida al Rey.








Más sobre Alan Moore en el siguiente post...

miércoles, julio 13, 2005

De última hora
La entrevista con Rulo en Reactor se pospone para la siguiente semana.

Cuando sepa qué día es lo posteo.

Saludos.

martes, julio 12, 2005

La semana de la radio

Hoy martes 12, a las 12 más o menos estaré en Radio Ibero 90.9 de FM en un programa que se llama "Más de noventa y nueve".

El jueves a las 10, en el programa "Antisocial" de Rulo David, en reactor 105.7.

Y el sábado, a las 8 de la mañana se transmitirá una entrevista grabada en el programa "Qué hacer" con Mariana H de Imagen 90.5 FM.

Saludos.

viernes, julio 08, 2005



I'm an angel
El sábado pasado murió Jeziel Sánchez, monero de Guadalajara, un talentoso dibujante de cómics nacido en 1978.

Remito el mensaje que nuestro amigo, El iguano mayor posteó en el foro Ipso Facto:

El domingo 26 de Junio, por la noche, después de visitar a sus padres Jeziel se fue en su bicicleta a su casa y por el periférico fue atropellado. Estuvo dos días desaperecido ( como vivia solo nadie se dió cuenta que no llego a su casa)y hasta el martes en la tarde lo encontraron en un hospital de la ciudad su familia y algunos amigos. De ahí por la condición que tenía se lo llevaron al Centro Médico de Occidente en donde estaría mejor atendido. Desde ese día hasta hoy ha estado sedado y el diagnóstico es que Jeziel está muy grave.

Días después, ell domingo 3, el Iguano informaba:

Me lleva la chingada dar este tipo de noticias

JEZIEL murió anoche, le dió un paro cardíaco. Ya no pudo seguir luchando por la vida....

Fue mejor así, por que la neta ya estaba muy cabrón (tenía costillas rotas, pulmones dañados, derrame cerebral, insuficiencia renal, cerebro inflamado, respiración por máquina, se sabía que tenía una parte de la columna estaba dañada y más madres....chales...

Después de que murió empezo otro calvario pues como fue atropellado se debe mandar el cuerpo a que le hagan la autopsia en el SEMEFO y levantar demanda en ese mismo momento para que se inicien las averiguaciones contra quién resulte responsable....

Ya le entregaron el cuerpo a la familia y hoy se le da santa sepultura.

DESCANSE EN PAZ, UN GRAN AMIGO...
DOY GRACIAS A DIOS POR QUE CONOCI Y TUVE AMISTAD CON UN GRAN OSO DE AMOR Y BUENA VIBRA ANDANTE.

Me gustaría decirles más cosas pero la neta , ya no puedo escribir más... me siento de la chingada..apenas me anda pegando..


La noticia ha sacudido a la pequeña comunidad monera del país. Rulo Treviño colocó este conmovedor texto en su página y han sido muchos quienes han expresado sus condolencias en el foro.

Jeziel es el chico de la foto, en un fotomontaje que había colocado en su portafolio de ilustración. El título de la imagen es I'm an angel, en referencia a su nombre. Los ángeles era un tema recurrente en sus cómics. Ahí pueden ver más de su trabajo.

Yo sólo quisiera compartirles aquí lo que posteé en el foro:

Yo sí tuve el gusto de conocerlo. Lo vi en dos ocasiones, una durante el Festival Euforia 2004, y la otra en el encuentro de historietistas paralelo a la FIL del mismo año.

En aquella ocasión, Bachan, Clément, Quintero y yo fuimos invitados a un pánel sobre cómic independiente. Jeziel estuvo en primera fila, junto con los demás compas de Karaokulta.

Al final de la mesa redonda, se hizo una sesión de preguntas y respuestas. Recuerdo que él hizo un comentario en el que decía que los de la mesa éramos ya "la vieja guardia" del cómic independiente.

Por la noche se hizo un homenaje a Rius en la cantina La Mutualista. Se había presentado en aquellos días El libro monero. compilación del cómic jalisciense. Algo así como el primo tapatío de Pulpo Comics (de la que él y su grupo habían sido excluidos, ignoro la razón, honestamente su nivel era mucho mejor que el de la mayoría de los antologados).

Jeziel nos llevó a Bachan y a mí un ejemplar de un cómic antológico gringo o canadiense en el que habían incluido su trabajo. Y debo decir que su historia era por mucho la mejor dibujada.

Le pedí que nos la dedicara y lo invité a participar en el segundo tomo de Pulpo Cómics. Debieron ver el gesto de emoción en su rostro de niño. "¿En serio? ¿Deveras?", preguntaba como si no lo creyera.

"Oye, y algún día", me dijo tímidamente, "¿podrías escribirme un guión?"

Le dije que me encantaría. Se puso feliz.

Cómo lamento jamás haber escrito esa historia.

Esta tragedia nos arranca prematuramente a un artista talentoso, inquieto y disciplinado. Un grafista que empezaba a despuntar, que estaba a punto de dar el gran salto y que pronto destacaría internacionalmente. Cuando supe que murió --y el cómo-- no pude evitar que se me botaran las lágrimas.

Desde aquí me solidarizo con el dolor de toda la comunidad monera y de la familia de Jeziel.

Decansa tranquilo, carnalito. Nos vemos del otro lado.


Maldita sea...

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Me incomoda un poco salir con frivolidades en este momento. Jeziel era mucho mejor dibujante que yo. Sólo quiero avisar que el próximo domingo, la revista Día Siete publicará en formato de cómic el primer capítulo de Tiempo de alacranes, dibujado en 6 páginas por su atento y seguro servidor. Sirva este trabajito como un pequeño homenaje a quien seguramente hubiera acabado en las grandes ligas del cómic internacional.

Sólo quiero cerrar con dos editoriales en cuatro palabras:

Sobre el metrobús: No vuelvo a subirme.

Sobre Bejarano: La "justicia" da asco.

domingo, julio 03, 2005

Oops, I did it again

Como bien me ha señalado uno de los lectores de este blog, el ser gay no implica ser pedófilo.

En el post anterior dejé entrever mi ignorancia y prejuicios al poner la frase "Imagínense, era gay y lo dejaban con los niños", refiriéndome a un hermano marista.

Pido una disculpa. Y aunque el lugar común es decir "tengo amigos gay" para demostrar que no se es prejuicioso, debo confesar que no pocas veces he dicho comentarios incómodos para mis cuates homosexuales.

Sólo quisiera abundar un poco, en mi descargo, en el origen de esta homofobia automática. Y es que fueron los propios maristas los que me la inculcaron.

Imaginen estar en una escuela de puros hombres donde no sólo prevalece la ley de la selva, sino que además cualquier señal de presunta debilidad se convertía en el objetivo de las más crueles burlas. Todos teníamos que ser "muy hombrecitos".

De hecho, el camión de la escuela era como una crujía del reformatorio. La más brutal crueldad infantil desatada.

Con la frase en cuestión más bien me refería a la dificultad que seguramente implicaba para un religioso gay estar rodeado de muchachitos, sobre todo en las prepas de los maristas.

De nuevo una disculpa.